Las monjas y las pobres impedidas que estaban en el beaterio del Hospital de Jesús Nazareno

ARTURO LUNA BRICEÑO


Hubo dos grandes conventos de monjas en las Siete Villas y los entornos de ellas en el siglo XVIII, y fueron El de la Purísima Concepción de Pedroche y el de San Juan de la Penitencia de la Villa de Torrefranca, que pertenecía al Condado de Santa Eufemia.

En las Respuestas Generales al Catastro de Ensenada en Pedroche contestaron: “A la trigésima nona dijeron que en esta Villa hay dos Conventos, el uno de Religiosos del Orden de Nuestro Padre Francisco y el otro de religiosas con la advocación de la Purísima Concepción. Que el de religiosos se compone de cincuenta y ocho de ellos y ocho Donados.

Y el de religiosas de treinta y cinco. Las treinta de Velo Negro y las cinco de Velo Blanco”.


Entrada antigua. 
A la misma pregunta en Torrefranca dijeron: “En esta Villa hay un Convento de Religiosas del Orden de la Concepción Franciscas, en el que se hallan al presente veinte y seis religiosas, las veinte y dos de velo negro y las cuatro restantes de Velo blanco”.

Ambos pertenecían a la misma Orden, y ninguno de ellos tenía voto de pobreza. Para ingresar en ellos había que aportar la dote de la novicia, y además ninguna de las monjas profesas renunciaba a la herencia que le correspondiera de sus casas, por lo que con el tiempo, ambos cenobios se convirtieron en ricos e influyentes.

En las comprobaciones de la Villa de Conquista se reseña una herencia que dice así: “Los bienes de casas y tierras que en la pieza antecedente se la cargaron a Don Cristóbal Mohedano de Molina, vecino que fue de esta Villa los heredaron por su muerte las personas siguientes.

Las casas de la segunda parada del expresado Don Cristóbal se las dejó por prenda petitoria a sus hijas, Sor María de la Visitación y sor Manuela de los Serafines, Religiosas de la Purísima Concepción del Convento de la Villa de Pedroche.

Importan el valor de eclesiásticos que son el Mesón, las de la Hermandad de Nuestra Señora de Gracia de esta Villa y las que se expresan adjudicó Don Cristóbal a sus hijas religiosas trescientos y veinte y ocho reales de vellón a lo que se rebaja por razón de huecos y reparos una tercera parte que hacen ciento y nueve reales y once maravedíes”

Cuándo fueron desamortizados ambos Conventos de la Purísima Concepción de Pedroche y el de San Juan de la Penitencia de Torrefranca, poseían tierras y casas en casi todas las Villas del Condado de Santa Eufemia y en las Siete Villas de los Pedroches. Más un gran número de censos que tenían prestados como hipotecas a los Concejos y los vecinos.


Camino interior de la huerta.


LAS BEATAS O MONJAS POBRES

Las que quisieran ser monjas sin tener dote ni bienes, debían de hacerlo como beatas. El Beaterio de Santa María del Castillo de Pedroche se fundó en la última década del siglo XVI, y allí las beatas, que vivían emparedadas y en total clausura, cuidaban de las huérfanas de la Villa. Una cosa parecida es lo que quiso fundar en Pozoblanco la Venerable Madre Marta Peralbo, pero Diego de Novoa le impuso su Oratorio Hospital de la regla del Padre Cristóbal de Santa Catalina. Hospital que tenía un beaterio de monjas legas y pobres incluido, y como las que entraban en el de Santa María del Castillo de Pedroche, permanecían emparedas y en absoluta clausura de por vida. El hospital de las monjas de Pozoblanco no podía admitir huérfanos, porque el Estado de los Pedroches de los Marqueses del Carpio, tenía para tal menester la figura del Padre de Menores.

Lo hacían con las pobres que estaban desahuciadas y no podían ser atendidas por sus familiares y queda claro cómo debían de ingresar en el Hospital en los Estatutos del Padre Cristóbal de Santa Catalina

Articulo 1.-3.- No se admitirán más pobres impedidos en dicha casa, que cuantas con sus rentas y limosnas, se puedan cómodamente mantener. Cuando alguna mujer pobre pretenda ser admitida en él, la visitará el Hermano Presidente u otro por su mandato; y la advertirá expresamente que si desea venir al Hospital, debe de hacer antes confesión general, y disponerse como si estuviese en peligro de muerte; porque entrando en él, queda privada por el mismo hecho de visitas de parientes, deudos y otras cualesquiera personas”.

Artículo 1.-.4- Para mejor servicio y asistencia de las referidas impedidas no se podrán recibir más de veinte Hermanas, y cuando más veinticinco, no siendo justo que nuestros Hospitales se conviertan en conservatorios de mujeres, con fundamental detrimento de nuestro propio instituto. Las dichas Hermanas serán doncellas pobres, honestas y robustas, que nunca excedan de veinticinco años de edad, y se recibirán en la misma forma que los Hermanos; estarán siempre en su clausura, totalmente separadas de ellos, como las pobres impedidas.

Estas normas estuvieron vigentes hasta bien entrado el siglo XIX, aunque la clausura y el torno de la portería, se mantuvo hasta mediados el pasado siglo.


No hay comentarios :

Publicar un comentario