¿Tiempos de intolerancia e imposiciones o el regreso de la Inquisición?

ARTURO LUNA BRICEÑO


He leído la notificación que el presidente de la Cofradía del Cristo de Medinaceli de San Bartolomé ha hecho pública y no se puede ser más claro. Desvela que alguien ha mentido y le ha echado la culpa a las “redes sociales” o al “dicen por ahí…” Que la Agrupación de Cofradías ha actuado con ligereza ante asuntos que competen a tanta gente. Que no han valorado la tradición, la costumbre y el poso de los años, y que una vez realizada la faena, en vez de enmendarla se ha preferido influir en la decisión que la Cofradía de San Bartolomé debía de tomar, según convenía. Y esta manera de actuar me ha llevado a recordar lo que dos vecinos de Pozoblanco, Luis María Ramírez de las Casas-Deza y Antonio Félix Muñoz escribieron a mediados el siglo XIX, analizando defectos de la sociedad del Pozoblanco que les tocó vivir.

De las Casas-Deza, el médico historiador cordobés escribió en su Corografía lo siguiente: “La oposición de esta Villa a la nobleza, y su espíritu democrático, que en tiempo presente entendían algunos por muy laudable no lo es como parece, pues no nace de principio alguno generoso, sino puramente del apego al interés individual; siendo cierto que tan preocupado y celoso era como otros, y aún más en el punto a lo que se llamaba pureza de sangre, por lo que en la Cofradía de Jesús Nazareno no se entraba sin hacer esta clase de pruebas que se archivaban en la Iglesia del Hospital de aquella advocación. Esta Cofradía se disolvió un año por haber admitido a una persona con quién no querían alternar los demás hermanos”

Y Antonio Félix Muñoz en su informe para el Diccionario Madóz, escribió: “Es pueblo celoso de sus costumbres y sus moradores no permitieron en lo antiguo la entrada en el municipio a los que vulgarmente suponían descendientes de los CONVERSOS a nuestra religión. Siendo tal el fanatismo que aún atribuyen las calamidades que afligen a la población al haber dado entrada en los ayuntamientos a los procedentes del Sambenito”. 



Y en lo que nos atañe a lo que ocurre estos días es que ciertos retazos de nuestra vieja cultura afloran con facilidad. Lo de lo “celosos que somos de nuestras costumbres”, por lo que se ha visto, está en cuarentena y lo del “apego a intereses individuales” eso permanece imperturbable.

El mal ya está hecho, y si los Sayones siguen el ejemplo de los de Medinaceli, y no se dejan que la Agrupación de Cofradías, que ahora sabemos que no aprobó el asunto por unanimidad, mutile la presencia de su Cofradía en la procesión del Santo Entierro, la papeleta que se le presenta a la Iglesia de Pozoblanco es importante.

No entiendo como la Iglesia, de la que dependen sus Cofradías y Agrupaciones, deja que éstas utilicen las votaciones para tomar decisiones. Va contra sus costumbres. La Iglesia Católica es una institución de más de dos mil años de historia ininterrumpida y que se basa en una estructura piramidal. Sólo hay una votación con un hombre, un voto. Y se hace en secreto y en un acto tan excepcional como la elección del Papa. Nunca ha sido igual el voto de un acolito o un sacristán que el de un clérigo o un cura. Tampoco se han elegido los cargos por votación, sino por designación. Y para ello se tienen en cuenta la preparación del candidato, su formación y trayectoria pastoral. Por eso no es entendible, que decisiones como la de cambiar una procesión tradicional se deje en manos de una votación en la que participan cofradías, que unas tienen más años de servicio a la iglesia que otras. Otras tienen más cofrades y otras menos. Unas representan a un estrato social y otras a una parroquia de barrio. Y alguna tiene raíces gremiales y otra penitencial.

Ese voto debía de ser, por pura lógica, ponderado. Aunque si la Iglesia es fiel a sus costumbres debería ser la autoridad eclesial pertinente la que debería adoptar la medida, después de sopesar todos los inconvenientes que se puedan acarrear. Ahora:” Alea jacta est”.



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