Los candelorios llenan las calles de Hinojosa de fiesta

SATURNINO MUÑOZ
HINOJOSA DEL DUQUE 


Más cuarenta hogueras rompieron la oscuridad de la noche de las calles de Hinojosa del Duque a lo largo de toda la madrugada del viernes al sábado durante la celebración de los candelorios. Una festividad que se ha convertido en una de las actividades lúdicas más importantes de las que se celebran en la localidad. Todo ello gracias al impulso proporcionado por los vecinos, que no dudan en los días previos a la fiesta de dedicar un importante número de horas a la búsqueda de leña y a la preparación de productos tradicionales de la gastronomía local. Es una noche de continuo tránsito de gentes en busca del aliento que cada candela proporciona en forma de calor y productos alimenticios.

Los candelorios, cuyo origen religioso es indudable, se han convertido de esta forma en un acontecimiento popular que aúna los lazos de amistad entre los vecinos, todo ello ante unas llamas que en algunos momentos alcanzan volúmenes espectaculares gracias a las ramas de olivos obtenidas en la poda de estos árboles. En este discurrir nocturno de calle en calle y de candelorio en candelorio, la noche se hace hoguera y junto a ella reina la alegría y la diversión. Daoíz, Plaza Duque de Béjar, San Blas, Miguel Hernández, Cardenal Cisneros o Romero Bolloqui configuraron, por citar sólo algunas calles, un itinerario clásico para los visitantes que dedican unas horas a conocer esta liturgia, peros sobre todos para los vecinos del pueblo que realizan la visita de agradecimiento a la lumbre de amigos y compañeros de trabajo.

Los embutidos y productos del cerdo ibérico según transcurre la noche van dejando paso especialidades de la repostería local, así roscos, pestiños, flores y otras delicias van poco colmatando el paladar con otros sabores. Éste, es el espíritu de una fiesta de clara raigambre religiosa, en la que todavía no faltan las promesas de realizar un candelorio cada año como acción de gracias por cualquier don otorgado por la Virgen de la Candelaria. Estos actos devocionales han pasado en muchos casos de generación en generación perviviendo en la memoria colectiva de unas gentes que han sabido recobrar y mantener viva una de sus fiestas más populares. 


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