Pozoalbenses ilustres

ARTURO LUNA BRICEÑO


Con este título y escrito por Andrés Muñoz Calero, que era el Cronista Oficial de Pozoblanco y antiguo Alcalde, inició el Ayuntamiento de Pozoblanco las publicaciones trimestrales de “Cuadernos del Gallo”. Era 1993 y el número uno se iniciaba con las biografías de 25 hijos ilustres de la Ciudad de Pozoblanco. Y reseñada con el número 17 se lee: “FRANCISCO DE PAULA RUIZ HERRERO. Sacerdote grande en su humanidad y creador de nueva vida en su feligresía”.

La biografía de este extraordinario personaje, que fue el primer Cura Párroco de San Bartolomé, ocupa las páginas 117, 118 y 119 del número 1 de Los Cuadernos del Gallo.

Nació Don Francisco el día 2 de abril de 1910, en el santoral era el día de San Francisco de Paula y siguiendo la vieja costumbre de Pozoblanco con el nombre del santo del día lo bautizaron. Fue su alumbramiento en la Calle Andrés Peralbo, en una casa de su familia, en la que Valeriano Herrero tuvo su chocolatería.

Cantó misa en el Colegio Salesiano el 7 de junio de 1934. Y estuvo destinado en diferentes lugares de Córdoba y su diócesis hasta que en 1954, fue nombrado Párroco de la Nueva Parroquia de San Bartolomé de Pozoblanco.

Don Francisco Ruiz.


Andrés Muñoz Calero al hablar de la obra de Don Francisco dice: “Dieciocho años de labor en este Pozoblanco, quedaron como ejemplo de lo que un hombre, con decisión, valor y entrega puede hacer. Transformó un barrio entero, fue colaborador en primera línea en la construcción de viviendas, en mejoras en todos los aspectos, con su atención a una feligresía que se sentía feliz con la creación de la nueva parroquia.

Es frecuente que en los pueblos existían zonas más o menos desatendidas, barriadas o ejidos que perciben menos servicios. En Pozoblanco se distinguía así el llamado Barrio de San Bartolomé, situado en uno de sus extremos”.



Y continua el Cronista en la página 118: “Intentar el inventario de lo que D. Francisco hiciera en su misión, desbordaría el espacio de este escrito. Si se quiere simplificar digamos que consiguió la transformación de un barrio entero. Nuevo templo, nuevas casas, calles floridas y limpias, enseñanza, deportes, reunión de la juventud, familias unidas, fiestas sencillas, sentido de la comunidad formada por cuantos allí viven. Y su actitud transciende a todo el pueblo, que participa con buenas relaciones, amistades, trabajo común”.

Son dos grandes obras las que resaltaron y que todavía perduran: La operación ladrillo y la creación de la devoción a la imagen de “Jesús de Medinaceli”, que él trajo e incorporó a su Parroquia, logrando la aceptación de todo el Barrio de San Bartolomé.



Culmina la liturgia en torno al de Medinaceli con la creación de una procesión en el Miércoles Santo. Para ello, además de las nazarenas y nazarenos, crea una guardia romana a caballo y que lleva con ellos un carro romano tirado por varios caballos, y tras ellos marcando el paso una banda de cornetas y tambores, conformada con la juventud del barrio y de algunos otros jóvenes que se suman a la obra del Cura de San Bartolomé.

Y como nueva Hermandad de Semana Santa se añade a la procesión institucional del pueblo, que nos es otra que el Entierro de Cristo que salía y sale en procesión la tarde del Viernes Santo.



Don Francisco quiere que sus romanos y su banda acudan junto a él y los miembros de la Hermandad de Jesús de Medinaceli. Y así comienzan a hacerlo en 1955, y desde entonces es el cortejo de romanos y banda de tambores y cornetas que abren el orden de la procesión del Santo Entierro de Pozoblanco.

Y como cierre de la Biografía Muñoz Calero dice: “Quienes tuvimos el don de la amistad desde las primeras letras con D. Francisco, recordaremos siempre su labor y conservaremos el sentimiento de gratitud hacia este hombre sencillo, ágil, inteligente, amable, sin otra mira que el bien común”.



Don Francisco de Paula Ruiz Herrero, entregó su alma a Dios el día 30 de marzo de 1972, y como una ironía del destino y cuando el próximo Viernes Santo, que será el 30 de marzo de 2018. Cuarenta y seis años después de la muerte del buen cura, que quiso abrir con su obra y las gentes de su Barrio de San Bartolomé la procesión del Santo Entierro de Pozoblanco. Precisamente en ese día a algunos se le ha ocurrido mandar, que la Banda del Cristo de Medinaceli, hoy conocidos popularmente como “Los Tolitos”, se vayan con la música a otra parte. Así cae otra de las costumbres y tradiciones de Pozoblanco.


R.I.P. 


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