Pongamos que hablo de vivir (XXIV)

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Técnico de la Cooperativa Olivarera Ntra. Sra. de Luna de Vva. de Córdoba)


El día 8 de mayo de 1931, tuvo lugar en los juzgados penales de Berlín un hito histórico, los protagonistas de la historia no son otros de Adolf Hitler y el abogado judío Hans Litten, este último tuvo a bien ganarse el odio eterno del dictador, después del interrogatorio al cual le sometió durante el juicio. Éste abogado fue uno de los primeros oponentes políticos del führer, perseguido duramente una vez que el partido Nazi ascendió al poder. Incluso mucho después de ganar las elecciones, Hitler no podía soportar que se pronunciase su nombre frente a él.

En cierto modo, eso es lo que nos sucede en nuestra comarca con la despiadada enfermedad de “la seca” del encinar, las comparaciones son odiosas, pero los efectos similares pues a la vista está que enfrentar semejante desastre sólo deja estampas de mayúscula tristeza y destrucción, y la postre, paisajes desoladores, lo de las muertes es tan preocupante como real, en su día fueron miles de personas exterminadas por la barbarie, y en esta ocasión, “la seca” elimina cientos de encinas centenarias, no es lo mismo claro está, pero ambos llaman la atención profundamente.

¿Pero qué es realidad “la seca”?, es una enfermedad de las encinas y otros Quercus, una enfermedad con múltiples agentes etiológicos, su problema más importante reside en que se manifiesta mediante varios síntomas y formas: defoliación, clorosis y destrucción de las raíces del árbol, en un período de tiempo que oscila entre los 6 meses y los 2 años. El problema fundamental de “la seca”, es que su casuística no resulta clara, se le atribuye a la presencia de parásitos como hongos e insectos xilófagos, a largos períodos de sequía y a la sinergia de estos elementos, el IFAPA cuenta con amplia y bien fundamentada información al respecto, el mayor escollo es sin duda el traslado de estos conocimientos al campo, la realidad es que no está siendo real.

El problema prioritario reside en cómo o de qué manera eficiente podemos intentar hacerle frente, si uno no conoce a su enemigo, difícilmente lo vencerá, con “la seca” nos sucede algo similar, sabemos que está ahí, tenemos la certeza de que nos lleva amenazando fieramente durante muchos años, pero a esta enfermedad a veces parece que nadie echa cuentas, pese a que su devastador efecto asola nuestras dehesas, destrozando unos de los patrimonios más valiosos que tiene nuestra comarca.

Y de repente, aparece en escena Francisco Volantes, lo leí en un artículo del periódico “Huelva Información”, este señor viene a explicar algo simple, aplicando una lógica brillante, ha frenado la enfermedad recuperando las especies animales que se habían perdido en sus dehesas, este ganadero onubense dice que es fundamental conservar el equilibrio entre aves e insectos. Francisco Volantes tiene sus fincas de El Alcornocal y Alcornosilla como un vergel, cuenta con cincuenta hectáreas de encinas y alcornoques en el término municipal de El Cerro de Andévalo, gracias a su tesón ha creado una burbuja que frena a esta voraz enfermedad, al igual que sucede en Los Pedroches, la enfermedad lleva décadas asolando la dehesa onubense.

Este Cerreño, dice que literalmente lloraba al ver las encinas secándose por doquier en su finca, entonces cayó en la cuenta de que aves e insectos habían desaparecido de sus campos: “en el campo había silencio, y eso significa muerte”, afirma el ganadero. Su propósito le ha llevado a encontrar una forma de ayudar a los árboles afectados por “la seca” a recuperarse. El proceso comienza por colocar nidos de pájaros para atraer a las aves insectívoras que, normalmente, han poblado las dehesas de su pueblo. Empezó con dos cajas de nidos, que el primer año no tuvieron inquilinos. Lejos de desanimarse, insistió y el segundo año logró que anidaran dos parejas de herrerillos, con 7 crías entre ambas. Quince años después sigue colocando nidos fabricados por él mismo y ayuda a sus vecinos a hacer lo mismo, “sólo cobro lo que cuestan las pajareras”, señala.

Francisco Volantes explica que la solución contra “la seca” pasa por devolver al ecosistema del bosque mediterráneo su hábitat natural. Este se ha ido perdiendo con el paso de los años. A su juicio, una combinación adecuada de pájaros insectívoros, abejas, avispas y murciélagos ayuda a mantener el equilibrio natural que desde siempre ha existido en las dehesas de su pueblo. Estima que para empezar a recuperar cualquier finca se tienen que colocar 1 o 2 nidos por hectárea. Según su experiencia, el equilibrio está en contar con un 80% de distintas aves insectívoras como el herrerillo común, capuchino, el trepador azul, el carbonero común, el agateador común o el gorrión molinero; entre un 5 y un 10% de murciélagos, que son los depredadores nocturnos; y en una proporción similar las abejas y avispas. Estas especies junto a la localización diseminada de puntos limpios de agua y una gestión ganadera adecuada de las dehesas, hacen el resto.

Ya sé qué es sólo un artículo de opinión, pero hay una verdad inexorable en él, la naturaleza es una amplísima fuente de sabiduría y siempre nos da una lección más, nos enseña algo nuevo cada día, por tanto y digo quizás, nuestro amigo Volantes lo vio claro, decidió cambiar lo que estaba haciendo, y puede o no que estuviera en lo cierto, quizás por una vez sea lógico aplicar la lógica, recuperar el equilibrio perdido para equilibrar la balanza, total nada perdemos, pues si seguimos gestionando la dehesa como hasta lo venimos haciendo, me temo que sin ella nos quedaremos. 


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