Parecidos inconexos

PAULA RANCHAL GARCÍA
(Estudiante 1º Bachillerato - novataentrehojas.es


¿Qué diferencia existe entre importancia y urgencia? La veo abismal y bastante imponente, a pesar de que el cómputo social las iguale con fines egoístas.

En estos días, somos cómplices pasivos del consumismo extremista que nos está quemando el bolsillo. Gastamos por doquier como si fuera obligatorio, como si sin ese materialismo no se pudiera ser feliz. Que haya una fiesta nacional en la que se equivalga ‘regalo’ con ‘ilusión’ no significa que el primero mientras más pragmático, mejor. De hecho, creo que mostramos bastante superficialidad a la hora de regalar, porque en realidad no sabemos hacerlo apropiadamente. Nos enseñan que un buen regalo es el que tiene una utilidad lo suficientemente satisfactoria para uno, el mismo que debe ir sí o sí envuelto en papel colorido. Se buscan, también, regalos que, aparte de alegrarnos un poquito más la vida, nos la hagan más fácil, es decir, que nos haga falta con frecuencia diariamente: abrigos, chaquetas, mochilas, y un largo etc. Me duele pensar que no tenemos ni idea de lo que realmente nos hace falta hoy. Como ya he dicho, regalamos de forma egoísta, y aun así, lo hacemos de pena.

No se tiene en cuenta que habitualmente hace falta solidaridad porque en estas fechas parece resplandecer un poquito más al insistirse sobre la verdadera necesidad. No se tiene en cuenta la valoración del esfuerzo, ni el enriquecimiento de una noche en familia, ni el consuelo que ésta aporta, ni el respeto a cada una de las personas con las que compartimos mundo, ni la falta de ayuda que sufren a nuestro alrededor (y lejos de éste, a las que perdemos la pista excusándonos con “ojos que no ven, corazón que no siente”) y de la que no tenemos mínima inquietud, la insensatez continua, el paradójico “quiero y no puedo” ante cualquier meta propuesta y, entre muchísimos otros, el miedo. Ese jodido entrometido que no para de frenarnos hasta cuando creemos haberlo superado. ¿Por qué en Navidad no se ayuda a abatirlo?, ¿no es tiempo de felicidad? A mí me la obstaculiza, no sé a ti. Sobre todo, miedo a que desaparezca de lo que hoy día disfruto. Antes que todo lo material, tú.

Esa persona que mientras lee esto se ha sentido identificada hasta las entrañas, o quien me conoce, o quien no, o quien sufre de miedos incandescentes, o quien va a explotar ahora mismo por resignación absoluta de lo que no debería, o quien cree no haber amado nunca, o quien está llorando por haberse enamorado, o quién ha perdido la esperanza, o quién vive de ella. No importa quién y sus circunstancias. Importa que ese quién sea impermeable ante el materialismo que está corrompiendo nuestro ser, que nos hace conceptuar la ‘necesidad’ como puro símbolo de ‘urgencia’ cuando una alega al utilitarismo obsceno de, generalmente, cualquier bien material que no se nos denote como peyorativo mientras que otra opta por referirse a verdaderos principios que la sociedad íntegra precisa para su regular funcionamiento, que haría de la sonrisa de cualquier niña o niño una verdadera prueba de la felicidad humana por culpa tuya. Creo que va a reconfortarte el alma muchísimo más ‘navideñamente’, por eso yo soy plena fan del cartel ‘regalo abrazos’ en las calles, aunque parezca curiosamente absurdo para el resto. 


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