Niños aburridos esperando el cole

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)


Las vacaciones están llegando a su final. Algunas madres piden ya la vuelta a la normalidad. Muchas porque ven a sus hijos aburridos en la casa jugando a la PS4 todo el día y conectados con sus amigos por Hangouts. Antes nadie se aburría si se disponía de una tarde sin quehaceres. Se formaban pandillas enormes en los barrios. Las calles eran más humanas porque estaban más habitadas. Los niños jugaban entre ellos y no con maquinitas como ahora. Se adquirían más habilidades sociales, se hacían amistades y uno aprendía a defenderse de las circunstancias y del típico ‘tonto’ que había en cada pandilla. Ahora con tantas leyes y prohibiciones absurdas, se atonta mucho más a la sociedad juvenil.

Ahora los niños no salen a jugar a la calle. Muchos no conocen ni a sus vecinos. Nada que ver con lo que se hacía en otro tiempo cuando no había videojuegos ni smartphones inteligentes. Ni Twitter ni Facebook. El contacto era real. El sitio de juego, la calle. Ese era el lugar para todo. Allí se podría improvisar un campo de fútbol, un teatro, una sala de cine jugando a ser pistoleros del oeste, una tertulia entre los sabios del barrio, un circo romano, unas Olimpiadas. El tiempo corría sin darnos cuenta. Nadie llevaba reloj, ni móviles que marcaran la hora. A la hora de recogerse, salía la madre pegando una voz por la ventana, para arriba y hasta el día siguiente. No había juguete que pudiera hacerle sombra a bajar a la calle y estar con los amigos.

Mucha gente pasó toda su infancia en la calle. De ella tienen miles de anécdotas, aventuras, historias, amores, meriendas, moratones, risas. Cuando eras niño, el tiempo pasa muy lentamente. No sabemos si será exactamente igual ahora porque las actividades extraescolares son en estos tiempos casi ‘obligatorias’. Antes los niños hacían lo que querían. Lo que les venía en gana. Espíritus más libres. Los niños dominaban su tiempo. Ahora no dominan ni su tiempo ni sus actividades. Y luego queremos que tengan iniciativa por sí mismos. ¡Manda...h...! 





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