La Real Dehesa de la Jara y sus costumbres patrimonio inmaterial de España

ARTURO LUNA BRICEÑO


Desde la noche de los tiempos los ganados de la península ibérica trashumaban de los campos fríos del norte a los cálidos del sur en invierno y hacían el camino inverso en verano. Aunque la historia que nos han contado, en su afán de resumir, nos ha mostrado una España en eterno guerrear, unas veces contra Roma, otras contra el Califato y demasiadas entre ellos mismos. Es probable que se vivieran más tiempos en paz que litigando. Y aunque la historia de la Mesta, palabra que significa “la invernada” en árabe, la instituyera y le diera leyes y estatuto Alfonso X el Sabio en 1293, todos los indicios, anteriores a esta fecha, nos aclaran que los movimientos de ganados, desde las sierras a los extremos, se hicieron cada invierno y cada verano.

Y en medio de ese trajinar de ganado vacuno, lanar y de cerda, se encontraba la ibérica Beturia de los Túrdulos, la romana provincia de la Osintiade, la Cora Árabe de “Fhast al Ballut” y la Cristiana y calatrava Real Dehesa de la Jara, hoy la Comarca andaluza de Los Pedroches. Uno de los tres denominados Valles del Honrado Concejo de la Mesta. A saber, el extremeño Valle de la Serena, el manchego Valle de Alcudia y el andaluz Valle de los Pedroches.



Estas tres penillanuras conectadas entre sí por pequeños puertos conforman los mayores pastizales de los extremos. Hoy la cultura popular, a pesar de pertenecer a distintas Autonomías de España, es similar. Cuesta distinguir, en sus límites, que pueblo es de un valle y cual de otro. Su denominador común es la dehesa y su riqueza reside en el encinar.

Estos días pasados mi nieta mayor fue a una de esas visitas guiadas que los colegios les hacen por Madrid. Tocó esta vez el Museo Nacional del Traje, y al venir me dijo:

- Abuelo en el Museo del traje, nos han puesto un documental tuyo.

Y es cierto, hace ya muchos años que en el Museo Nacional del Traje suelen proyectar uno de los diferentes episodios de la serie “Oficios para el recuerdo” que ellos tienen en su filmoteca. Se trata de “Tejedores de la Mesta”. Que pertenece a los trece primeros que hice en 1973. Está rodado, casi su totalidad, en Los Pedroches, y en su media hora de duración se puede ver como se hacía el jabón de cenizas para lavar las lanas, el esquilado de un manso de majada adornado con madroñas de colores. El cardado e hilado de la lana y el tejido en viejos telares.

La otra sorpresa la encuentro en el suplemento del Diario El Mundo, “Fuera de Serie”, del pasado día 31 de diciembre de 2017, en el que viene un amplio reportaje sobre los perros mastines de León. Y leo con gran sorpresa para mí lo siguiente: ”Desde el pasado mes de abril y con rúbrica del Consejo de Ministros, la trashumancia goza de Ley de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, en un texto que pondera, además, “las manifestaciones de la tradición oral, la artesanía y las técnicas del pastoreo tradicional, así como la ordenación de los pastos en el marco del derecho consuetudinario como elementos de la cultura trashumante que esta actividad ayudó a transmitir a su paso por los diferentes y distantes territorios peninsulares”.

Y nosotros con estos pelos, y sin saber qué hacer con el caserón de La Salchi, cuando es el marco ideal para el Museo Nacional de la Mesta, en su Otero sur. Y recordé el día 13 de febrero de 1995 cuando la Filmoteca de Castilla y León dedicó a proyectar una selección de secuencias de los diferentes episodios de “Oficios para el recuerdo” referidos a la Mesta y su herencia. Sesión que yo presenté. Fue un extracto de 20 programas que mostraban oficios ligados a la trashumancia del Honrado Concejo de la Mesta.

Siempre me ha sorprendido, las veces que he tenido que firmar autorizaciones para que mi obra sea utilizada de manera docente, que no haya sido requerida por ningún pueblo de Los Pedroches, cuando más de la mitad de los episodios están hechos sobre sus viejos oficios, tradiciones y costumbres.

Para ese Museo, a solicitar al amparo de esa Ley, al menos por mi parte, hay documentos y material suficiente para hacer un buen Museo Etnográfico. Ahora solo falta la intención y deseo de hacerlo. Muchos de los gremios que vivieron de los Oficios de la Mesta en nuestra tierra, que hasta tiene concedida la denominación de origen del queso de oveja mestero, nos lo agradecerán. 








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