La lluvia, el independentismo y el clásico Madrid-Barça

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Llevamos un año de lo más seco. Para desesperación de todos, apenas llueve. Hacía años que no se veían los campos tan faltos de hierba. Caminos polvorientos, tierra seca y los pozos vacíos. Una lluvia que se está haciendo esperar. Cuentan los viejos del lugar que antiguamente había unos temporales de agua de aúpa. Se tiraban los días enteros lloviendo y el agua bajaba con tanta fuerza que se llevaba lo que encontraba a su paso.

Además el viento que acompañaba a la lluvia destrozaba uralitas, tejas, pajares y naves viejas. Lo que se llamaba bajar el agua en estampida. Es cierto que no es lo mismo pasar un temporal de agua ahora que hace 30 años. Se han mejorado las condiciones de las casas y de los campos. Pero llovía más. Se decía aquello que los hombres mojados no temen la lluvia. No obstante, uno se refugiaba en los techados y portales como podía y andaba con cuidado para no pisar charcos. El agua nunca estaba de más.

Uno se despertaba con los ruidos del canalón de la calle expulsando agua o con el ruido de la lluvia al caer en el suelo. A quién no le gusta escuchar llover desde la cama, arrebujado bajo las mantas. Y quién no se ha librado de alguna mañana de la aceituna en lo que se llama perder por agua. Lluvia es dejar calles desiertas y el cielo oscuro e invisible. Y es que el cielo no lo puedes ver a través del paraguas.

Mientras esperamos la lluvia en el mundo siguen ocurriendo cosas. Hoy Noche Buena y mañana Navidad. Al fin llegó. Llevábamos un mes de previas navideñas. La lluvia limpia y purifica. Y eso es lo que nos falta, mucha agua. En Cataluña llueve tensión. El panorama sigue siendo indescifrable. Ciudadanos ganó pero el independentismo sigue en el poder. El PP se hundió por completo (eso sí que fue una borrasca) y el PSOE sigue sin remontar lo perdido.

Para espantar la melancolía de algunos, llega el clásico Madrid-Barcelona. Un clásico por Navidad. El Madrid está haciendo una temporada horrorosa. Pensaban los blancos, después de ganar la Supercopa, que este año repetiría éxitos y lo que está coleccionando son fracasos. Todo lo contrario que el Barcelona que ha sabido reponerse de la marcha de Neymar. Una victoria culé dejaría al Madrid con 14 puntos de desventaja. La victoria merengue dejaría la liga más abierta. Todo en ello en una semana en la que un Tribunal ha tenido que destituir a Ángel María Villar como presidente de la Federación Española. Ya se sabe que estos cargos son vitalicios, y como no sea un Tribunal no hay manera de sacar a un federativo del cargo. 


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