Secretos de archivo: Una inspección de la Hacienda de Córdoba en el siglo XVIII

ARTURO LUNA BRICEÑO


Recuerdo las conversaciones con mi padre, especialmente cuando vino a Madrid para investigar parte de su libro: El Castillo de Madroñiz. Dialogábamos sobre la historia de su pueblo y el mío: Pozoblanco. Eran discrepancias históricas sobre Los Pedroches en la Edad Media, la aportación y repercusión en la fundación y evolución de Pozoblanco. Fueron horas de discusión y debate en las que siempre nos faltaban datos y que terminábamos concluyendo que esa ausencia documental debíamos de encontrarla en el Catastro de Ensenada.

A mediados del mes de diciembre de 2002, preparé los papeles para mi prejubilación en TVE, y como despedida fui a Galicia a realizar un reportaje sobre el famoso chapapote. Me acompañaba mi mujer, porque desde tiempo manteníamos una buena relación con Galicia. Allí habíamos veraneado muchos años. Y quiso la fatalidad que en La Coruña le diera un ictus. La atendieron en la Unidad de detención precoz en Santiago de Compostela y hubo relativa suerte. Necesitaba una larga y lenta rehabilitación. Recuperar memoria, ejercicios de movilidad y otras atenciones.

El Castillo de Madroñiz.


Estando en el Hospital de Santiago, y apenas recuperada del trance, me hizo prometer que tenía que investigar y publicar el Catastro de Ensenada de Pozoblanco, del que tanto había oído hablar en nuestra casa y que era la posible llave para entender muchos pasajes de la historia de nuestro pueblo. Se lo prometí y en febrero de 2004 ya estaba en el Archivo Histórico de Córdoba fotografiando, con la ayuda de mi mujer, los 8 libros que allí se conservan del Catastro de la provincia de Córdoba. El noveno, el de las Comprobaciones, lo tuve que sacar del Archivo de Simancas.

En el tercer tomo de Haciendas de Seglares, al comenzar a fotografiar las páginas referentes a la Calle del Tinte Viejo, encontré una cuartilla que alguien había dejado allí. La fotografié aparte y la leí ese mismo día. Se trataba de la relación de bienes del Conde de Villaverde. Era una investigación de Hacienda hecha en el siglo XVIII. Averigüe que el Conde de Villaverde era hermano del fundador de la Congregación de Ermitaños de Córdoba y protector en esa ciudad del Capuchino Predicador Fray Diego José de Cádiz, látigo de los gobiernos ilustrados del Reinado de Carlos III, lo que sin duda provocó que se le abriera esta Inspección de Hacienda a finales del Siglo XVIII.



La cuartilla quedó abandonada en el Tomo 3º de Haciendas de Seglares de Pozoblanco, porque no se debió hacer efectiva la investigación. Pero en su última parte aclara cómo los adinerados cordobeses empleaban sus dineros en Pozoblanco. Dice así: “Tiene (el Conde de Villaverde) en Pozo Blanco dos mil quinientos ducados (30.000 reales) de un censo que lo tiene Don Bartolomé Plazuelo”.

Bartolomé Plazuelo Cabrera era uno de los cuatro hombres más ricos de Pozoblanco, que se dedicaban al trato de compra de machos cabríos. Las pieles de los machos cabríos curtidas se utilizaban para el transporte del mercurio de Almadén a las minas de Querétaro y Potosí para beneficiar la plata. Vivía en la casa más grande de Pozoblanco en la Calle del Tinte Viejo. Casa que en su trasera lindaba con el Arroyo de la Condesa, frente al Ayuntamiento y las Carnicerías Públicas, y tenía una tenería y un tinte y declaraba que soportaba las siguientes cargas: “La carga de dos censos redimibles. El uno de quince mil reales de vellón de principal y cuatrocientos cincuenta de réditos cada año a tres por ciento, a favor de la Capellanía que en la Parroquial de esta Villa fundó el Licenciado Don Luis Ponce y goza Don Juan Herruzo de Pedrajas. Pbro. Y el otro de quince mil reales de vellón de principal y cuatrocientos cincuenta de réditos cada año a tres por ciento a favor de la Capellanía que en esta Villa fundó el referido Licenciado Don Luis Ponce y goza Don Luis Herruzo de Pedrajas. Pbro.”.



Y en el Tomo de Haciendas de Eclesiásticos se dice que la Capellanía que fundó Luis Ponce de Sepúlveda tiene: “Otro censo redimible de quince mil reales de vellón de principal y cuatrocientos y cincuenta de réditos cada año a tres por ciento impuesto sobre una casa en la Calle del Tinte Viejo… propia de Bartolomé Plazuelo”.


De haber seguido la investigación se hubiera descubierto que quince mil reales estaban ocultos y que muchas Capellanías se utilizaban como puente para inversores y prestamistas. Pocos años después, en tiempos de Carlos IV, la mayoría de ellas fueron confiscadas para crear el Banco de San Carlos. 



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