Pongamos que hablo de vivir (XX)

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Técnico de la Cooperativa Olivarera Ntra. Sra. de Luna de Vva. de Córdoba)


Hoy en día todo es correr, con la sensación continua de vivir sin tiempo y sin embargo, vamos corriendo, como locos a veces, a veces hacia ninguna parte, incluso da la impresión de que sólo es correr por correr, sin un objetivo definido. Del trabajo a casa y de casa al trabajo, se pasan los días y prácticamente no hay momento en el que detenerse a reflexionar sobre el mero hecho de que si no disfrutamos un poco el momento pasará y rápido, al igual que pasa otro invierno que antecede a la primavera, tal que así lo dice el refrán: “Vísteme despacio, que vengo con prisas”, que gran verdad.

Todo prácticamente está diseñado y planeado para que el tiempo empleado en realizar cada acción no suponga un problema, de esta forma, no tenemos que preocuparnos por nada, una demostración a la que siempre aludo, la comida que tomamos a diario por ejemplo, ya preparada y presentada convenientemente, resulta ser un elemento que lejos de ser un inconveniente ahora ya es sólo una mera transacción, algo necesario que hay que hacer obligatoriamente tres veces al día, ¡cinco imposible mire usted¡, desayuno, comida y cena conforman una serie de batallas qué cuanto antes libremos, antes podemos dar por terminadas, para irnos a otra cosa mariposa y seguir corriendo.

El olivo, es pura abundancia, lo es porque lo da todo, todo es útil en él y de éste todo es aprovechado, ejemplos claros que corroboran lo anterior y que posiblemente son menos conocidos como son el té de olivo, elaborado con las hojas de el mismo, cocidas a fuego medio-bajo durante ocho minutos, resulta ser una infusión apreciadísima y muy interesante por sus magníficas propiedades salutíferas: regulador hipotensivo de la presión arterial, gran antiinflamatorio y mejor antidiabético, (baja el nivel de glucemia en sangre), hidrata y nutre nuestra piel, sirve contra quemaduras o el dolor de garganta, en fin, podríamos seguir con un largo etc., ahí es nada.

Nuestros ancestros, que por imposición tuvieron que ser grandes científicos e investigadores, innovadores e ingeniosos, conocedores de lo excelso de sus propiedades, quemaban las yemas finales de la ramas de olivo en el mes de junio y lo hacían porque la espuma resultante de este proceso, la usaban a modo de crema para aplicarla en las heridas que provocan los ácaros causantes de la sarna. Si hablamos de quemar, los olivos fueron las primeras luces del hogar, puesto que el aceite lampante, inapropiado para el consumo humano por su acidez y su sabor y/o olor desagradables, era usado como combustible en lámparas para alumbrar casas y templos.

El olivo es un árbol que cuenta con innumerables leyendas y tradiciones, siempre vinculado con la paz y lo religioso, se dice que fue una paloma la que llevó una rama de olivo ante Noé para anunciar el fin del diluvio, como símbolo de la reconciliación de Dios con los hombres. Asimismo, cuando Jesús de Nazaret entró en Jerusalén, el pueblo judío le recibió con ramas de olivo por cierto, ésta es una tradición se ha perpetuado hasta la actualidad y es rememorada cada Domingo de Ramos cuando la población acude a bendecir sus ramos de olivo a la iglesia, y que posteriormente cuelgan en sus balcones o en las cabeceras de sus camas.

Y no sólo eso, ya hace años que cambió diametralmente el asunto, del alpechín al alpeorujo, de los despojos a la generación de electricidad, de las hojas y los palos, al compost. En definitiva, lo que eran residuos desagradables y problemáticos resultantes del proceso de obtención de aceite, hoy son otra gama de productos que culminan el ciclo. El más importante es el que se conoce como biomasa, que se compone de alpeorujo, restos de poda y hueso de aceituna, utilizados como combustible para producir energía eléctrica, otro ejemplo muy interesante es el caso del hueso de aceituna, usado como combustible para las calderas.

Aún nos queda mucho por conocer del Olivo y el AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra), por ejemplo, les recomiendo encarecidamente que disfruten y prueben el denominado “aceite verde” que se obtiene ahora en todas las almazaras, al principio de campaña, realmente es magnífico. Un detalle, ese picor que tan extraño resulta al paladar, no es un defecto, más bien al contrario, es síntoma de ese aceite verde contiene muchos antioxidantes, y otra cosa, como comentábamos en el artículo anterior, el aceite no caduca, el aceite evoluciona, por eso mientras más componentes lo compongan de partida, más perdurarán en el tiempo, siempre que se trate del virgen extra.

Por ello y ya termino, “pierdan” un poco de tiempo en alimentarse bien, no corran, vístanse despacio como decía al principio, comer es un placer, no una obligación, ya ven la cantidad de positividades que redundan en el olivo y su aceite, positividades que alrededor suyo han estado durante miles de años, y aún así, sigue siendo un producto de candente actualidad.


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