La escuela en Cataluña

SEBASTIÁN MURIEL


Aunque estemos en la pantalla de las detenciones de los Consellers y de la huida a Bélgica de Puigdemont me ha parecido importante insistir en el asunto de las escuelas en Cataluña.

Desde niño, en mi familia, aprendí a valorar la escuela como instrumento transformador positivo de personas y sociedades. Mi madre maestra de párvulos durante más de 40 años hablaba maravillas de su trabajo y era feliz enseñando a sus alumnos. Mi padre siempre se quejó se no haber aprovechado su tiempo escolar. Cuando pudo no quiso y cuando quiso no pudo….aunque algo remedió con la experiencia de los años y un intenso trabajo de autoformación.

Durante mi niñez no deje de oír lo bueno que era ir a la escuela aunque cuando empecé a tener uso de razón empezaron mis dudas. Las burlas de algunos compañeros y los palos y malos modos de algunos maestros me ayudaron a pensar que toda aquella experiencia tenía algunos puntos negros. La rigidez del horario y su extensión – siete u ocho horas diarias más sábados, festivos y domingos – empezaron a hacer mella en mi ánimo y alguna vez – pocas – hice la rata o perdí el tiempo en clase. Como niño tampoco entendí del todo la politización franquista del sistema educativo. Nunca me gustaron los profesores que ponían el énfasis en sus canciones, uniformes o banderas. Sin saber muy bien por qué nunca me identifiqué con aquello y mantuve cierto recelo en mi interior. Mi estancia en los Salesianos de Pozoblanco me ayudó a valorar positivamente la satisfacción de avanzar, el contento de superarte, el agrado de comprender. La semilla de la cultura, unida a cierta curiosidad, y del estudio prendió en mí y terminé en la Universidad de Sevilla disfrutando con lo que hacía. Mi último año de Universidad fue una gozada. Con el tiempo me di cuenta, fue un proceso, de que había sido un privilegiado.

En mis años de docencia, algo más de 35, siempre traté de ignorar las matizaciones partidistas que las respectivas leyes educativas pretendían inculcar. La igualdad traté de defenderla dando más a los que menos tienen. Eché de menos y sigo echándolo un Pacto por la Educación. La escuela es un espacio de todos, pluricultural, abierto y de ninguna manera se debe favorecer el pensamiento único. Se deben estudiar todas las ideologías, todas las tendencias con actitud crítica y que cada cual saque sus propias conclusiones. Imposiciones pocas, salvo el respeto debido a los demás – por muy diferentes que sean –, a los espacios comunes y a unas normas de convivencia exigibles para todos.

Por todo lo anterior me duele que en Cataluña la escuela haya sido tomada por un nacionalismo avasallador que impone su cultura, su pensamiento único, sus mentiras y su violencia. Es doloroso comprobar que la escuela se utilice para adoctrinar menores de edad indefensos ante la autoridad y experiencia de un ¿maestro? El pensamiento soberanista limita los cerebros y las personas, quita perspectiva, en su ignorancia agresiva inculca verdades absolutas, inventa enemigos y señala al que piensa diferente como un problema. El respeto salta por los aires, la solidaridad se ahoga, la sociedad y las familias se dividen, los comportamientos se manipulan haciéndolos converger hacia sus tesis…todo vale…el fin justifica los medios…y buena parte de la sociedad imita gestos, repite consignas, corea slogans y se enaltece ante discursos patrioteros mientras se arropa con una bandera. ¡¡ Todo resulta casi perfecto!! El nacionalismo predica una Arcadia feliz donde las personas han sido mutiladas mentalmente porque esconden la realidad. La escuela en Cataluña ha sido pervertida: No se forman personas, se forman independentistas. Sentir tu tierra es hermoso y legítimo. Convertir esto en una verdad absoluta, suprema, que condicione todo lo demás es un tremendo error. Si, es un error transformar los sentimientos en leyes colectivas, además utilizando ilegalidades y pegándole fuego a la Constitución, al Estatut y al mapa.

Atrás queda una escuela crítica, innovadora, inclusiva, pluricultural, respetuosa con todos, abierta, participativa y democrática, formadora de personas integras y tolerantes….Han corrompido el papel de la escuela por completo y con ello han malformado a varias generaciones haciéndoles pensar una realidad única, inmutable, estática, pura, absorbente, sin dudas… Han inculcado odio… Todo eso es propio de los sistemas totalitarios… Afortunadamente se han producido reacciones en contra en toda Europa y en muchas partes del mundo…Por cierto una de las últimas la de Israel, donde Artur Más puso sus esperanzas. Esperemos que, a pesar las circunstancias tan difíciles que estamos viviendo, las anunciadas elecciones del 21 de diciembre sean una oportunidad para la convivencia y el entendimiento.



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