Un verano que no quiere irse

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Amaga el otoño pero solo se queda en eso, en amagos. No llega a entrar. Está todavía en la puerta a pesar de las fechas. Alguna nube, un amago de chaparrón y temperaturas que bajan muy de vez en cuando. El otoño rompió el almanaque hace más de un mes pero no se siente. El calor del membrillo que se le atribuía a la festividad de San Miguel, no se va. Todos los días son San Miguel aunque no nos felicitemos por ello. Abandonados a la suerte de una sequía que nos está absorbiendo.

En el campo, preocupación porque la tierra está seca. También nuestros cuerpos. Mucho mirar al cielo sin encontrar nada. Echamos de menos los charcos en el campo, en los arcenes rotos y en las obras. Echamos de menos mojarnos y ese aire limpio que siempre traía octubre. No vemos ni chubasqueros ni paraguas. Esta sequía amenaza con ruina y sed. Los colores son diferentes a los de esta estación. ¿Dónde están los niños abrigados camino de la escuela?

Queda mes y medio para la Navidad y seguimos en verano. No hemos encendido, la estufa aún. Queremos que se vaya el verano pero se resiste. Ahí sigue con un sol dorado, con su luz chillante y dejándonos en manga corta a las puertas de la festividad de todos los Santos. Duele que el verano no se vaya. Esperemos que le dé por llover y acabe con este largo y cálido verano. La lluvia nos está haciendo esperar a todos. Agricultores, ganaderos, tierra, pantanos, labriegos, manantiales, bellota, aceituna huyen del sol quien no sabe este año de estaciones. Este otoño ni baja persianas ni tira de la sábana. Cuándo llegarán las primeras lluvias, los primeros fríos y las migas al calor de la candela. Este sábado se cambia la hora. Al menos, y a la espera de las lluvias y el frío, los días serán menos anchos y menos largos. Falta hace.



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