Mentiras y desvergüenza del independentismo

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Como editor de este semanario, no puedo pasar por alto el gravísimo problema que se está viviendo en Cataluña, problema al que todos los poderes del Estado tendrán que hacer frente con sabiduría y prudencia, pero también con el grado de contundencia y firmeza necesario que se exige para la defensa eficaz e inequívoca de nuestra Constitución y nuestra Democracia, y además para que todo el peso de la ley caiga sobre la amplia cuadrilla de sediciosos que están perpetrando delitos tan graves contra nuestro país.

Aunque es evidente y palmario que la soberanía nacional no se puede parcelar, porque reside en el conjunto del pueblo español, y por tanto ninguna Comunidad Autónoma tiene legitimidad para decidir por sí misma sobre la soberanía de una parte de España, lo primero que hay que dejar claro es que la población catalana son 7.500.000 personas, y que, según los resultados de las últimas elecciones autonómicas catalanas (con votaciones, estas sí, legales), como mínimo, el 50% de este total no quiere la independencia, con lo cual ya de principio hay que reseñar que los independentistas mienten al decir que es una mayoría la que quiere salirse de España.

Con este panorama tenemos una sociedad catalana totalmente fracturada y dividida en dos bandos, donde el independentismo (con la dejación y la permisividad torpe y ciega de los distintos gobiernos que ha tenido España) ha ido ganando terreno en las últimas décadas merced al adoctrinamiento impune (atiborrado de mentiras) recibido principalmente en las escuelas y a través de los distintos medios de comunicación públicos y privados subvencionados por el gobierno catalán, que han servido vergonzosamente de correa de transmisión a la causa separatista, sembrando vilmente con falacias la semilla del odio y la animadversión a todo lo que sea considerado intrínsecamente español. Últimamente, además, cuentan con el apoyo incondicional y muy importante para sus intereses, de personajes tan carismáticos y de tan alta talla política como el terrorista Otegi, el tirano Maduro, o Stoichkov, ese exfutbolista búlgaro zumbao que jugó en el Barcelona.

Aunque la realidad no sea así, sin embargo, la apariencia nos muestra que los separatistas, por estar apoyados por las instituciones catalanas y sus tentáculos de matonismo político, son muchos más, ya que se han apoderado absolutamente de la calle, con la anuencia y complicidad de una policía autonómica politizada y sectaria, a base de manifestaciones de masas aborregadas con soflamas y símbolos independentistas. Mientras, los que se consideran y sienten plenamente españoles, que son al menos la mitad de la sociedad catalana, si han tenido la valentía de manifestarlo, se les ha considerado una especie de traidores a la patria, y, marginándolos y segregándolos, se les ha hecho la vida imposible desde hace muchos años, con una persecución que recuerda en algún grado al apartheid que padecieron los negros en Sudáfrica durante muchísimos años del pasado siglo. Desde hace muchos años, en amplísimas zonas de Cataluña, tener la “osadía” de portar una bandera de España es para algunos una provocación, y supone arriesgarte a recibir una agresión o a que te tilden directamente de “franquista” o “facha”, esas palabras comodín que utilizan permanentemente los totalitarios para intentar ofender a aquellos que les descubren sus miserias. Hasta tal punto ha llegado la enfermedad social que se padece allí.

Y como la miseria moral y la enfermedad social no es exclusiva de Cataluña, sino que se extiende peligrosamente a toda España, hemos visto en los últimos días cómo muchos, con el único objeto de erosionar y socavar la imagen del Gobierno de España, han soslayado el traidor, desleal con sus compañeros de profesión, además de infame (¿y delictivo?) comportamiento de la policía autonómica catalana, desobedeciendo las órdenes del poder judicial (que no del Gobierno), y sin embargo han puesto el foco en las imágenes de una Policía Nacional y Guardia Civil que, vilipendiada, insultada, humillada y acosada ferozmente por los agresivos activistas de la sedición, ha tenido que cargar contra ellos porque no había más opción para cumplir con su obligación de defender la legalidad y las órdenes que le había indicado el juez, además de para poder salir de aquella peligrosa situación y salvar el propio pellejo en un ejercicio palmario de legítima defensa.

Discutirle a la Policía Nacional y a la Guardia Civil (que van armadas por algo, y que han demostrado una paciencia y una templanza enormes), el poder hacer uso de la fuerza ante la situación de tremendo acoso y agresividad que estaban sufriendo (pues también ellos fueron heridos), cuando cumplían su función para que la ley y el orden prevalezcan, es de una miseria moral inconcebible y repugnante.

La estrategia a través de continuas provocaciones de forzar la intervención policial para hacer quedar a España como opresora y maligna es muy burda y zafia, y es una lástima que tantos impresentables malintencionados hayan entrado en el juego de la propaganda de los independentistas. Sobre todo cuando la mayoría de independentistas han aplaudido en los últimos años el uso de la fuerza contra los “indignados”, los de la antiglobalización, antisistemas marginales y toda suerte de especímenes y descerebrados variopintos y diversos, profesionales todos de la anarquía y la algarada, cuando éstos han querido vulnerar la convivencia y el orden.

La prioridad del 1 de octubre era para algunos proyectar la imagen de que España golpeaba a Cataluña, llegando al extremo de recurrir a fotos como la del niño al que le sangraba la oreja, cuando en realidad esa foto es de hace 3 años y además fue herido por los Mossos. Junto con otras muchas mentiras que se han dicho, como la de esa anciana que se cae sola por unas escaleras y se acusa a los agentes de haberla tirado, o como esa independentista que tuvo la desvergüenza de acusar a la policía de haberle fracturado todos los dedos de una mano y luego se ha demostrado su absoluta falsedad. En fin, muchas y muchas mentiras y mucha infamia vertida por los impresentables de siempre contra nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Según el Gobierno catalán, sus secuaces y sus cómplices, parece que una manifestación de masas enfervorizadas por el odio, vale más que la defensa de la Constitución aprobada por la mayoría de los españoles. Con este pensamiento será sólo cuestión de tiempo que acabemos aplastándonos los unos a los otros.

Vista la situación, ahora mismo, sin tener en cuenta a las fuerzas políticas con escasísima representación parlamentaria, lamentablemente, sólo el P.P. y Ciudadanos son auténtica y plenamente fiables en la lucha que se ha de afrontar contra los que pretenden descuartizar España. Porque, trágicamente para nuestro país, ganó en sus elecciones internas, con Pedrito a la cabeza, el ala extremista y “podemizada” del PSOE, que en un momento tan grave y delicado para nuestro país, vemos como hace permanentes equilibrios y tacticismo político porque tiene dudas entre aprovechar la coyuntura para erosionar al gobierno o ser inequívocamente leal con nuestra nación y apoyar sin fisuras el bloque constitucionalista. La dirección de los socialistas tiene que decidir hacia dónde tira, o bien se va aproximando cada vez más a la extrema izquierda de Podemos con el fin de poder gobernar algún día con ellos, o bien baja del monte y se sitúa en el centro izquierda, que ha sido lo que siempre le ha dado mejores resultados electorales.

Con Podemos y la extrema izquierda no voy a perder mucho el tiempo. Solamente saber que ellos comulgan al 95% con los independentistas y por ello además tienen amigos comunes (Otegi, Maduro…), porque ellos prefieren una ruptura total del país y están en la tarea de intentar dinamitar todo el orden constitucional vigente que, no hay que olvidarlo, nos ha proporcionado el más largo periodo de bienestar y prosperidad de España en toda su historia.

En este capítulo de múltiples infamias, hay que añadir también la de un club de fútbol como el F.C. Barcelona, que se ha posicionado de forma rotunda e inequívoca a favor del gobierno de Cataluña y de la consulta independentista y, por tanto, de la conculcación de la Constitución y la legalidad vigente en España, siendo desde hace mucho tiempo más un partido político que un club deportivo.

Habiendo hecho además el ridículo más espantoso con la chapuza de jugar a puerta cerrada, pues el amago de no jugar pretendido por algunos directivos y por los jugadores Piqué y Sergi Roberto, fue sofocado por la voluntad de jugar de Messi, que es el que realmente manda ahí. Sobre el hipócrita y mentiroso Piqué habrá que hacer algún día capítulo aparte.

No sé qué pensarán de que el Barcelona esté tan politizado y se haya convertido en uno de los grandes símbolos y abanderados del independentismo catalán la multitud de aficionados culés que hay fuera de Cataluña, aunque imagino que el desprecio y el ninguneo con el que se les trata por parte de este club no ha de sentarles muy bien. Pero, sin duda, ellos sabrán aguantar con estoicismo.

El independentismo basado en la inoculación del odio y el adoctrinamiento no es fácil de combatir, porque la raíz está en que ellos se creen superiores al resto. En el fondo es una cuestión racista y xenófoba, y da igual si el Presidente de la Nación es Rajoy, Pedro Sánchez, Rivera, Susana o el Cid Campeador que resucitase, porque el fin es romper con el resto de España, todo lo que no sea eso no les sirve. El 70% de los independentistas más radicales son nietos de emigrantes de comunidades como Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, etcétera, que en las décadas de los 50 y 60 emigraron como trabajadores a la entonces acogedora y plural Cataluña.

No exagero ni una coma si digo que estas personas tienen un cierto paralelismo con los nazis de Hitler, pues siendo éste austriaco, de físico más que mediocre y de mente racista y asesina, quería crear la raza aria, de hombres y mujeres altos, fuertes, guapos, inteligentes, blancos, etcétera, superiores al resto del mundo.

Quizás de las universidades de Cataluña sea de donde más ignorantes han salido en los últimos lustros, porque se han dejado manipular, dogmatizar y pastorear por los gobernantes catalanes, la mayoría de ellos con buenas cuentas corrientes. Cuando la mayoría de la ciudadanía, igual que la del resto de España, tiene que hacerse las preguntas importantes del presente y del futuro, como, ¿voy a tener un trabajo digno? ¿Voy a cobrar mi pensión? ¿Voy a seguir teniendo gratuita la sanidad? ¿Me van a congelar los impuestos? ¿Van a mejorar la Ley de Dependencia? ¿Va haber dinero para los problemas sociales? Etcétera.

Por mucho que logren marcharse o tengan que quedarse, los problemas gordos a resolver van a ser al 90% lo mismo que en el resto de comunidades.

Termino con toda mi solidaridad y apoyo incondicional dirigidos a nuestros magníficos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (Guardia Civil y Policía Nacional), y también a ese 52% aproximadamente de catalanes que quieren seguir perteneciendo a España y que están sufriendo en silencio y con impotencia esta demencia separatista. NO ESTÁIS SOLOS. LA ESPAÑA DE BIEN ESTÁ CON VOSOTROS. 


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