Los tontos útiles

JUAN PEDRO DUEÑAS


Alguien con acertado criterio se preguntaba estos dias dónde estaba el Rey, dándose una respuesta cuando menos ingeniosa. “Estará con su cuñado Urdangarín en Suiza, riéndose de nosotros”.
Lástima que no fuera cierto, mejor sería que estuviera allí para no tener que salir por patas, cuando se proclame la cada vez mas deseada 3ª República española, siguendo el ejemplo de sus antecesores.
Yo te pongo “ un pisito” en la Zarzuela y tú me haces de vocero”

Yo sí soy tonto, pero un tonto inútil que solo por convicción y sin mas prebenda que el agravio de que puedo ser objeto por parte de quienes no piensan como yo ,me presto, porque no puedo evitarlo, a criticar lo que creo absurdo, injusto y perverso, en la confianza de que servirá para algo positivo, poniendo en duda todo lo que en apariencia se vende como verdad. Digamos que soy semi-tonto y semi-inútil y así, poniéndome por delante no ofendo a los unos ni convenzo a los otros, pero al menos ninguno qaederá indiferente. Ya es algo, no tengo mas poderes; pero un tonto util con poder, ademas´, se convierte en un peligro social

Este ciudadano que se autoproclamó como Felipe VI no tiene mas mérito que su cuna.

Semejante irresponsabilidad de sus declaracioines sólo son propias del bufón que por agradecmiento a sus señores se presta al ridículo.

Como solo responde ante la historia, cuando está pueda preguntarse (porque ni él ni nosotros estaremos ) ¿Majestad quién le escribió el guión? ya no gozaremos de la satisfacción de haber tenido razón

A la perversión de los semitontos, tontos o tontos útiles, hay que añadirles ser oráculos de medias verdades que le transmiten los “listos” (cobardes de turno).

Veamos, Art. 56 de nuestra Constitución. “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia...”

Hasta aquí, la mitad de la verdad formal, pero como su majestad probablemente no se haya leido el precepto legal o si lo ha hecho, lo ha incumplido, sigue diciendo “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones...”

Y nos debemos preguntar los semitontos inútiles, ¿Qué árbitro de una contienda puede inclinar la balanza en favor de cualquiera de los contendientes?

Ahora “los listos” responderá que uno de los contendientes está incumpliendo las reglas de juego. Pues muy bien, cuando se rompen las reglas se imponen sanciones reglamentarias, pero la función de un árbitro no es dar ni quitar razón a ninguno de los equipos en liza, para eso están los tribunales que, curiosamente ahora, dan pruebas de una diligencia inusitada. (No hay mal que por bien no venga).


Con el respeto que me merece su majestad como ciudadano, creo como árbitro con mandato constitucional ha estado muy desacertado, por seguir las instrucciones de “su señor”, pero hay que disculparle porque es reo de su situación, y por ello, por su dignidad, debe abdicar. 


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