La expedición del General Miguel Gómez y el General Ramón Cabrera en los Pedroches narrada por Pío Baroja

ARTURO LUNA BRICEÑO


Llevo muchos años buscando datos de la presencia de Don Pío Baroja en los Pedroches. Tengo bastantes documentos de sus visitas a Córdoba para convivir con sus familiares que vivían en las Minas de Cerro Muriano. Aun me queda una visita a Obejo para cotejar documentos que he encontrado en los archivos de mis padres. Todos ellos están ligados a las diferentes estancias que Baroja hizo en Córdoba y de las cuales dejó testimonios en su novela. “La feria de los discretos”.

Unos de los acontecimientos más importantes ocurridos a través de la historia moderna de los Pedroches fue la llegada de las tropas carlistas en 1.836, pero lo que no sabía es que en 1.934, y por un deseo que Don Pío Baroja tuvo de practicar el reporterismo, el escritor de Vera de Bidasoa, hizo el recorrido que el General Gómez y sus tropas realizaron. Fue buscando documentos y testimonios de lo que hicieron esas tropas a lo largo de su caminar por España.

El reportaje lo publicó en la Revista Estampa y en él cuenta como fue la entrada de los carlistas en Córdoba: “Yo supongo que si pasaron por la puerta de Baeza, al campo de la Madre de Dios entrarían por la calle del Sol, calle que creo ahora no se llama así, y que la recuerdo por haberla puesto como centro de una novela mía, titulada La Feria de los Discretos”.


Pío Baroja. 


Narra algunos sucesos ocurridos en Córdoba y decide ir a Almadén por la misma ruta que hizo Don Miguel Gómez y sus tropas y dice: “Gómez pasó rápidamente por Conquista, Paradas, Pozoblanco y Torremilanos, y se acercó a Santa Eufemia, donde preparó el ataque al pueblo del azogue… Gómez tenía por entonces de siete a ocho mil infantes, soldados aguerridos; mil doscientos caballos y varias piezas de artillería… Gómez se acercaba (a Almadén) y repartía su gente entre Alamillo y Santa Eufemia.

Gómez y su Estado Mayor se instalaron en Santa Eufemia. Este pueblo, en la raya de la provincia de Córdoba, a quince leguas de la capital, está en un cerro pedregoso, a orilla del Guadalmar. El riachuelo y otro próximo, llamado Valdeazogue, se encuentra en el momento cubierto de flores acuáticas blancas.


Estampa de Castilla y León.


Cerca de Santa Eufemia, en una calle, en una altura, se yergue el castillo de Miramontes, al que no le queda más que un torreón desmochado.

Lo principal de Santa Eufemia es una calle en cuesta, que termina en un arco de una antigua muralla. La gente hace tertulia a la puerta de las casas.

Voy al Ayuntamiento. Nadie sabe nada de los carlistas de Gómez. El recuerdo se ha borrado por completo.

Salimos del pueblo por la carretera.

Nos detenemos a contemplar cómo pasan por el vado del río, cuajado de flores, una recua de machos, con sus arrieros”.


General Gómez.


El camino de vuelta lo hizo por Chillón y dice de esta villa: ”Chillón es un pueblo bastante grande, en el cual a principios del siglo XVI una Isabel Sánchez, que se ocupaba de hacer pesquisas entre los sospechosos de herejía y los delataba a la Inquisición. Quizás había en el pueblo, más que heréticos, judaizantes.

A esta mujer la llamaban la Inquisidora.

Se dice que hay una estatua suya en la plaza. Yo no la he visto”.


Ramón Cabrera.


Baroja no quedó contento de su viaje a los Pedroches y Almadén. Lo hizo por la carretera que va por el Calatraveño, Alcaracejos, El Viso y Santa Eufemia. No tuvo en cuenta que Gómez utilizó el camino de Obejo a Pozoblanco. Y que desde Pozoblanco, su intención fue un asalto sorpresa a Madrid. Acción que abandonó en Fuencaliente y desde allí decidió regresar a Pozoblanco y preparar el asalto a Almadén. Por eso escribe: “Si no satisfecha la curiosidad, al menos señalados y vistos algunos lugares de la defensa de Almadén, volvemos a Córdoba por carretera… En las calles de los pueblos por donde pasamos, las muchachas se ponen flores en la cabeza”.


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