Cataluña vive en su locura

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Estamos viviendo en Cataluña un espectáculo infectado de odio. Tanto que da miedo. Nadie puede aventurar cómo acabará todo esto. Tanto odio, tanta inquina y tanta rabia no pueden llevar a ningún lado. Un clima irrespirable que está creando una tensión histórica que nos hace ver escenas terribles. Gente envuelta en banderas gritando en contra de España y los españoles, peleas en las casas entre familiares por la independencia, jóvenes descontrolados profiriendo insultos en la calle y lo que está por venir. La democracia está herida de muerte. Se la han saltado. Han roto todos los códigos éticos y legales para un golpe separatista bestial. No debe de ser el objetivo dividir España. El objetivo es unirla.

El nacionalismo lleva trabajando la independencia muchos años. Pujol, Mas, Puigdemont. Todos han trabajado este Golpe de Estado en sus respectivos gobiernos. Y lo han hecho educando a las masas. Con la educación han conseguido manipular a las generaciones de jóvenes quienes se han creído esta mentira. Educados en el odio a España. Sabían que llegaría este momento. Han ido cociéndolo a fuego lento. El resultado de este adoctrinamiento es lo que estamos viendo ahora. Su gran aliado ha sido el exceso de tolerancia de un Estado que ha consentido lo que no está en los escritos.

Todo lo que está sucediendo es un insulto generalizado contra todos los españoles. Nos están señalando a todos. Para ellos, la injusticia solo está en España y en los españoles. ¿Y qué injusticia hemos cometido para merecer esto? Y no son tan solo los insultos que vienen de Cataluña, pues tenemos que aguantar que clubes vascos como el Athletic de Bilbao pueda fichar extranjeros de cualquier lugar del mundo siempre y cuando no sean españoles. Esa es su política. Tenemos que aguantar que se silbe al himno nacional cuando juega un equipo catalán ante uno vasco, que se quemen banderas españolas, que nos digan perros, holgazanes y eso de ‘España nos roba’.

Es lo que tiene ser español donde hemos consentido el adoctrinamiento a los niños en el nacionalismo e incubándoles aversión hacia al resto de España. Es lo que tiene que ser español donde hemos consentido que se hablara en catalán no solo en Cataluña, sino en el resto de España cuando representantes políticos o jugadores de fútbol hablaban en actos públicos en el territorio español. Es lo que tiene que ser español donde hemos consentido que los grandes partidos políticos le den a Cataluña el pedazo grande de la tarta por pactos políticos y nos dejen a los demás sin merengue. Es lo que tiene ser español donde hemos consentido que la señalización de las carreteras se haga en catalán. Es lo que tiene ser español donde por el hecho de serlo somos una carga para ellos, quienes no se consideran españoles como nosotros.

Decía Sabina sobre el tema de Cataluña “que el mundo lo que necesita es que se supriman fronteras, no que se levanten”. Lleva razón este músico que ha habitado siempre en el mundo de la poesía cercana. Si levantara la cabeza Valle Inclán no quedarían espejos cóncavos en el callejón del gato. ¡Qué esperpento! Es como el hijo que se quiere ir de casa, renegando de sus padres pero quiere que estos le sigan pagando su vida, sus caprichos y errores. Sabina dice estar “ radicalmente en contra de alguien que quiera hacer una patria mas pequeñita teniendo una tan grande”. El problema que tiene Cataluña es Cataluña. Allí hay una división importante entre familias, empresas, amigos y políticos porque unos quieren ser españoles y otros no. Hay diálogos rotos de los que culpan a los españoles. El problema es suyo. Ha sido una bola que han hecho grande, grande con el paso de los años. No hay peor enemigo que uno mismo. Es así. Si uno no está en paz consigo mismo, no lo está con el mundo.

Cataluña juega al escondite con ella misma. Cree que no le debe nada a nadie. Lo suyo, piensa, que es recibir sin más. El deber de Cataluña, como del resto de comunidades, es garantizar la estabilidad de los territorios y la tranquilidad de las personas que habitan en él. No es provocar desastres. Y con su actitud y declaración de independencia, el gobierno catalán lo está provocando. Es un suicidio colectivo. Un terremoto del que no saben ni ellos mismos como van a salir. Ayer muchos catalanes festejaban y daban la bienvenida a la República Catalana. Los vivas, hurras, abrazos y gritos de independencia se dejaban sentir en unas calles abarrotadas de gente. Todos eran sabedores de que la independencia es un desastre para Cataluña. Desastre histórico. Las empresas se irán marchando. Las ventas y el turismo seguirán bajando. ¿Qué pasará con los funcionarios del Estado de allí? ¿Y con las pensiones que dependen también del Estado? ¿Y con las ayudas de Europa al no estar en ella?

Ellos gritan eso de “Cataluña, libre”. ¿Es qué estaban presos? Ahora sí lo están, de su propia locura. Tendrán que pagar por ello un duro peaje.


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