Yo estuve en los campamentos de Veredas (II)

PACO CABRERA


Recordando a D. Antonio Jiménez Romero (S.D.B.) y a D. Juan Caballero Romero, capellanes con los que compartí estos campamento, y a los muchos niños y niñas, hoy adultos, que estuvieron allí.

Un día cualquiera en el Campamento.

Eran las ocho de la mañana. El Jefe de Día, se levantaba el primero. Ponía música en el ambiente. El campamento, segundos antes en absoluto silencio, solo interrumpido por los cantos de los pájaros y el “cri-cri” de los grillos, empezaba a tomar vida. Una cincuentena de chicos y chicas, y sus respectivos monitores, asomaban a la puerta de las tiendas, algo despeinados y los ojos entreabiertos. No era posible abrirlos del todo.

Uno de los monitores, encargado de la Educación Física, era el responsable de hacer un poco de ejercicio, unos estiramientos y algún “trotecillo” por la explanada. ¡Todos despiertos y preparados para el nuevo día!

Formaban después en la puerta de la tienda. El Jefe de Día les daba las instrucciones y el primer saludo de la jornada. Siempre había un lema a tener en cuenta. Por ejemplo: “Hoy haré un amigo nuevo”. Posteriormente bajábamos al río Guadamora, a los pies del Santuario para los correspondientes aseos matinales. Lavados, peinados y espabilados, nos íbamos a desayunar. Café con leche, cola-cao, zumos y alguna que otra torta o galletas, preparadas por los panaderos de Torrecampo.

– ¡Dentro de quince minutos empezamos el arreglo de las tiendas! Las órdenes de Jefe de Día no se discuten. Media hora después se “pasaba revista”. Todo llevaba puntos para los equipos.

¿Qué eran los equipos? La primera mañana de acampada todos los chicos y chicas se distribuían en grupos. Había que ponerle nombre. Eso se hacía en la primera reunión. Una vez realizado este requisito a confeccionar el banderín. Serviría para concentrar a cada equipo y para encabezar las marchas por caminos y montañas.

Arreglado y limpiado el campamento, reunión matinal de equipos. Se tocaban diferentes temas, coordinados por el instructor, un adulto responsable de cada equipo. Temas: la amistad, descubrir a Dios en la Naturaleza, cómo convivir, cómo perdonar, buen uso de la libertad, respeto al otro, todos somos importantes, amor en la familia, importancia de los abuelos,…

Mientras la reunión, el Jefe de Campamento preparaba la quiniela. Había que contestar cada día a diferentes preguntas que harían también puntuar a los equipos. ¿Ejemplos de preguntas? “¿Cuál es la Patrona de Pedroche?”, “¿Cómo se llama el estadio del Córdoba C.F.?”, “¿Qué santo es hoy?” , “¿Qué instructor cumple hoy años?”, “¿Cómo se llama el párroco de Torrecampo?”, ¿Cuál es el nombre que más abunda en el Campamento?”, “¿De qué pueblo es nuestro Capellán?”,… A lo largo de la jornada irían buscando respuestas, que entregarían al final, dónde después se pondrían las respuestas en el panel de avisos.

¿Qué se ponía en dicho panel de avisos? Quién era el Jefe de Día, las preguntas de la quiniela, las puntuaciones de los equipos, el horario de la jornada, el menú, todos los acontecimientos que se iban desarrollando.

– “Preparar las toallas y ponerse los bañadores, no olvidéis la gorra”. Nueva orden del Jefe. Y, siguiendo cada equipo a su banderín, con sus instructores y monitores al frente, y cantando el Himno , en marcha hacia la charca donde se unían Guadamora y Guadalmez, a unos trescientos metro del Campamento. Era la hora del baño.

Mientras tanto, el Jefe de Campamento, marchaba a Torrecampo a repostar y aprovechaba para afeitarse con la maquinilla eléctrica. En el Santuario solo quedaba el equipo de cocina.
Dos horas después llegaban los acampados de la misma manera que se marcharon. ¡A refrescarse! ¡El comedor está preparado!

Dos horitas de siesta, no para dormir sino para estar a la sombra Se jugaba al parchís, a las damas, ajedrez. Dormir bajo las tiendas era poco menos que imposible a esas horas con el calor. Era necesario respetar el silencio. Después a las cinco y media de la tarde, el Campamento cobraba vida.
Dejaremos la tarde y otras actividades especiales para otro artículo, no quiero ser demasiado largo. “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, decía Baltasar Gracián.

Hagamos recordar el Himno del Campamento:

“Vente a Veredas, / qué bien lo vas a pasar. / Vente a Veredas, / si quieres tú disfrutas. / Vente a Veredas, / y cambia de sociedad, / por un mundo más humano, / que busca fraternidad. / Muchachillo, muchachilla, /tú podrás estar contento, / porque estando en Veredas, / harás un buen Campamento. / Buenos mandos, gran comida, / aunque tú no te des cuenta, / y verás qué bien lo pasas/ en Veredas a cuarenta. / Qué cocineras, / las que tenemos aquí, / qué monitores, / qué bien nos hacen vivir, / compartiendo, todo parece reír, / sigue este lema en tu vida, / por un mundo más feliz. / Muchachillo, muchachilla,… /Adiós Veredas, / ya nos marchamos de aquí, / un poco tristes, / pero sabemos sentir, / gran alegría, / nacida del compartir, / y llevar a Pozoblanco, / lo que aprendimos en ti. / Muchachillo, muchachilla,…


¿Quieres cantarlo? Ponle la música de “La polka del barril de cerveza”. 


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