Ser amable no es ser tonto

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)


Dicen que ya casi nadie es amable. Parece que cada uno está centrado en sus tareas diarias y vamos con prisa a todos lados sin dedicar ni una palabra amable a nadie.

La amabilidad es dar valor a las personas. Una persona amable posee empatía, humildad, paciencia, generosidad y respeto por los demás. Según los expertos, protege el sistema nervioso contra la ansiedad, estabiliza el estado de ánimo y nos saca del ensimismamiento y la obsesión. Se ha observado que los actos de bondad en los niños son fuente de energía y seguridad. Además, investigaciones recientes afirman que bebés de tan sólo seis meses ya están preparados para ayudar y elegir conductas altruistas hacia sus iguales. Así que cualquier puede ser amable. Aunque es cierto que algunas personas nos lo ponen muy difícil. Porque ser amable no es ser tonto. Tampoco hay que dejarse pisotear por alguien abusivo o aprovechado ni dejar que nadie nos trate mal.

Realmente todos tenemos un gen amable. Sólo que unos deciden usarlo y otros no.

También hay que tener en cuenta que que la amabilidad a veces hay que usarla en su justa medida porque podemos resultar falsos. Tampoco se debería usar para conseguir algo del otro. Eso no es amabilidad, es manipulación.

La amabilidad es la elegancia del alma. Quizás parezca que la bondad se ha perdido. Pero no. Está en cada uno utilizarla o no. Al final “sienta bien hacer el bien”. Será el gen amable que todos llevamos dentro.


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