Pongamos que hablo de vivir (XV)

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Técnico de la Cooperativa Olivarera Ntra. Sra. de Luna de Vva. de Córdoba)


Indudablemente, los objetivos marcados siempre se pueden conseguir de muchas formas y modos, esto fue algo que vislumbró de forma contundente el brillante profesor de inglés D. Juan Carrión Gañán, tristemente fallecido el pasado mes de agosto a los 93 años. Carrión, que enseñaba inglés a través de las canciones de los Beatles, incluso logró que estos incluyeran las letras de sus canciones en sus álbumes tras reunirse en 1966 con Lennon en Almería, en definitiva un pionero en la enseñanza del inglés que desafortunadamente casi nadie conoce.

Este profesor inspiró la película Vivir es fácil con los ojos cerrados del director David Trueba, y que gran verdad encierra el título de la misma, en ocasiones al igual que Don Quijote y sus pasiones, resulta más interesante inventarse una realidad que vivir la que acontece en estos días, las llamadas metáforas del vivir, explicarlo es sencillo viendo el panorama actual: Atentados en New York, Barcelona, Londres o París, bombas de hidrógeno en Corea, etc., desgraciadamente hay muchos temas que vienen a nuestra mente y es mejor no enumerar.

A nivel más cercano, hay otros asuntos que preocupan y mucho, uno de los principales escollos con los que se encuentran los consumidores de todo el mundo, es la desinformación y la falta de información, ambas son adecuadas para describirlo, a la hora de adquirir un producto de cualquier índole. Si nos centramos en lo alimentario la cosa se pone aún más espinosa, puesto que aunque decimos que estamos en la era de la información (internet, redes sociales, etc.), no tenemos toda la información sobre lo que compramos, y si preguntamos acerca de ello, parece hasta que ofende.

No es que venga yo ahora a criticar a sector de la venta alimentaria, dios me libre, pero si es cierto que después de leer la noticia de la Revista especializada sobre el aceite Olimerca: Los grandes problemas no resueltos del Aceite de Oliva, me quedo un poco desolado ante tanto desconcierto. Resulta que los problemas de autenticidad de los AOV (Aceites de Oliva Virgen) son un problema de primer orden para la Unión Europea, una de sus prioridades, pues son una fuente de engaño y estafa orquestada con muy malas artes.

Según Wenceslao Moreda y Diego García, investigadores de Instituto de la Grasa ubicado en Sevilla, en la actualidad cada país miembro está obligado a realizar 4.800 controles anuales para hacer un seguimiento de la calidad y autenticidad de los aceites puestos a la venta. Está claro, en muchas ocasiones y sin saberlo, nos dan gato por libre. Según Moreda, “el aceite es un producto que permite ser mezclado fácilmente, al contar con un gran valor añadido que lo convierte en muy atractivo, y por otra parte la deficiencia en los controles administrativos facilita su desarrollo”.

El proyecto europeo Oleum, el cual ya he mencionado en otras ocasiones, se ocupa de manera concienzuda de estos problemas. Es un proyecto desarrollado por el Instituto de la Grasa, perteneciente al CSIC, que pretende ofrecer las herramientas adecuadas para que como consumidores tengamos la certeza y seguridad de que cuando consumimos un AOV sea realmente ese producto, y no otro mezclado y adulterado químicamente, evitando los fraudes y escándalos que desgraciadamente aparecen de forma cotidiana y por los que en ocasiones, por esa misma cotidianidad tan dañina, ya casi no nos sorprendemos o no, dicho de otro modo, nos afectan como quizás debieran, puesto que es de nuestra alimentación de lo que hablamos.

Estas herramientas son de gran interés para el consumidor que necesita un método asequible y fiable que le asegure científicamente y sin fisuras, que el resultado obtenido después de analizar químicamente un aceite por parte del un organismo competente, es el correcto y no otro. Sencillo, que el aceite comprado sea lo que indica su etiqueta y no otro producto, de forma segura y legítima, en mi humilde opinión debería ser el camino a seguir para evitar fraudes y confusiones. Como decía al principio, que no nos confundan, que no nos vendan una realidad que luego no es tal, para eso, mejor ser como El Quijote de Cervantes, inventarnos la nuestra propia, total seguro que no es tan distinta de la verdadera y por lo menos tenemos la certeza de que esa sí es auténtica, al igual que sucede con el aceite sin adulterar. Una máxima, la mejor opción sin duda, que el consumidor decida lo que le plazca, porque no es sencillo, aunque como dice Mario San Miguel, “es sencillo ser feliz, lo difícil es ser sencillo”.


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