Impotencias

SEBASTIÁN MURIEL
(Docente jubilado)


La RAE define la impotencia como la falta de poder para hacer algo. Es un sentimiento que invade tu espíritu, te limita, tienes la sensación de que el tiempo transcurre más despacio y los objetos que te rodean parecen más pesados.

Los sentimientos de impotencia suelen ir acompañados de cierta desazón, pérdida de esperanza, desencanto hacia la vida, agobios, soledad, preguntas acerca del por qué y el para qué, parálisis mental, tristeza interior etc, etc…

Son muchos los motivos que pueden generar incapacidad. Nuestra vida, la vida tiene momentos y situaciones que nos hacen sentirnos inútiles, débiles, desanimados o inválidos: Los atentados terroristas, el paro, la persistente violencia de género, la corrupción política, el fuego en campos y bosques, etc…pueden dar prueba de ello.

No trato de hacer una relación de motivos o causas que pueden desencadenar un estado de desaliento y aparente insensibilidad. La realidad es que estamos rodeados de situaciones proclives a conducirnos a “ese no poder”: ¿Hay algo más triste que el desahucio de unos ancianos? ¿Qué sentimos ante tantos recortes sociales mientras se anuncian ganancias millonarias en bancos y multinacionales? ¿Y el futuro de los jóvenes? ¿Qué pasa por nuestra mente cuando vemos flotando de espaldas los cuerpos de varios emigrantes?....guerras… tráfico de drogas… suicidios… falta de consenso político en temas de interés general… funcionamiento de los Estados Unidos de Europa… baja natalidad en España…  la España vacía…Impotencia grande sentí al comprobar cómo se politiza – por parte de todos – una manifestación contra el terrorismo yihadista porque ¿Contra qué se manifiestan Rajoy y Puigdemont? ¿Contra ellos mismos? ¿Por qué se manifiestan como Institución y no como ciudadanos?. Nunca entendí del todo la presencia de instituciones en las manifestaciones en la calle.

Hay hechos o situaciones más naturales que pueden hacernos sentir esa impotencia, esa especie de aplastamiento de nuestra personalidad. A veces es el inexorable paso del tiempo, la falta de lluvias, los terremotos o enfermedades incurables…..

Pues bien a pesar de todo esto, entiendo que tenemos que desterrar esa idea, ese estado mental dominado por la impotencia porque siempre se puede hacer algo. Desde luego en lo que yo llamo “impotencias artificiales”, es decir impotencias generadas por decisiones humanas siempre se pueden prevenir y, llegada la situación, hay un montón de cosas que se pueden hacer para minimizar los daños. Para el caso de impotencias ante “lo natural” las soluciones se complican pero hay salidas y podemos comprobarlo a diario en los medios y en la gente que nos rodea. La impotencia existe pero siempre hay salidas.

Desde mi punto de vista lo mejor para combatir la impotencia es compartirla, dialogarla y concretar acciones prácticas para reducirla. Si pueden ser acciones colectivas, mejor. No cerrarse, abrir la mente, reflexionar sobre alternativas, no quedarse parado, romper rutinas porque como asegura Blaise Pascal: “Nada hay tan insoportable al hombre como el reposo absoluto sin pasiones, sin acción, sin distracción, sin aplicación. Entonces es cuando siente su nada, su desamparo, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su inanidad.”


La impotencia forma parte de la vida pero convivir con ella no significa someterse. Nuestra dimensión vital es combatirla.


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