Epíteto 7: Todo lo que viene, puede quedarse

PAULA RANCHAL GARCÍA
(Estudiante 4º ESO) 


Parece que están mejor, sí, Vida y Mundo. Han intentado volver a una normalidad mejorada en la que Vida puede ser un poco más libre. Ahora sus rinconcitos de relax no son explícitamente al aire libre disfrutando de Mundo, sino frente a la pantalla de un portátil, un domingo de invierno, con una manta extralarga y unos calcetines anchos de lana. Mundo está un poco perdido, sigue dedicándose a sus temas de cuidarse pero debido a la felicidad de Vida, cada día muere un poquito más, ya que sus recursos se acaban, aunque en cierto modo no quiera preocuparla porque la tiene a su lado, como él ansía.

Vida aun así, está preocupada. Aunque parezca que no, ella ve que hace daño a Mundo con su ausencia, y en parte también cree que necesita aún más espacio para ella misma, cosa que va a destrozarle todavía más y ve una estupidez una relación basada en el sufrimiento mutuo y constante, por muy felices que estén cuando se miren a los ojos y blablablá, ya os sabéis la historia cursi.

Ella ha decidido dejarle.

Hoy en día, las parejas deciden alejarse un tiempo y se separan, intentan hacer vidas lejos el uno del otro para ver si así les va mejor, a pesar de que se quieren, pensando que huir reparará la vida del otro, por considerarse a uno mismo inferior hasta en sus propias expectativas, porque cuando el amor actúa, consigue perfeccionar tanto a quien amas que ni cada uno a sí mismo se ve lo suficientemente capacitado para estar al lado de dicha persona. Pero todo eso son estupideces.

La gente habla demasiado de amor, cuando a veces el odio el maravilloso. El odio a la perfección y a los prejuicios, el odio a la manera en la que se piensa que porque uno haga algo mal, todos a los que se cree de su condición tienen la culpa y por ello atrocidades como el racismo, el odio al miedo que tienen algunas personas por la atracción hacia otras de su mismo género, el odio al medio ambiente destrozado, el odio a la sutileza con la que gobernantes nos hacen pensar que todo va bien mientras manipulan cada cosa que tocamos, el odio al conformismo, al quedarse con las ganas, el odio al: “quiero, pero no puedo”, el odio al echar de menos, el odio a la absoluta impotencia al sentir y no saber qué hacer con tu vida, el odio por el hambre que pasa un niño que podría crear la cura del cáncer, el odio por cada balazo que recibe alguien inocente cada día que pasa en este lugar vil y hostil al que queréis que llamemos hogar. El odio a todo lo que te rodea y no te gusta en absoluto. ¿Por qué tengo que amar habiendo tantas cosas para odiar?

Se sobreentiende que como el amor es positivo, hay que empezar por amar, pero, si una mujer nunca hubiera dicho: “Eh, oye, que yo también quiero derechos. Odio vivir así.”, quizá todas nosotras hoy ni siquiera tendríamos un mínimo de ellos. El amor está bien para un rato, el odio cambia la manera de ver las cosas, porque te enseña lo que realmente son y por qué hay que pensárselo dos veces antes de existir, de vivir, y de amar.

Quieres pensar que son tonterías de una adolescente que no sabe de nada, pero quizá ahí esté el problema. La juventud, por suerte y poco a poco, está abriendo su mente de una forma impresionante hacia la justa realidad y muchos adultos no quieren aceptarlo. Qué se sabría del amor si un día, a un joven no le hubieran roto el corazón, qué sentido tiene la voz de la experiencia si apenas sabe valorar a la euforia y a la locura, qué sabor tiene la felicidad cuando se vive amargado en una rutina adulta y clasicista. Realmente, tengo curiosidad.

Sólo pretendo ser yo, lo haré por una vez en la vida, escucho decir a Leiva mientras pienso: “Ojalá el mundo nos dejase a todos”. Es muy triste sentirse oprimido, marginado o solo, y cuando digo triste, quiero decir odioso. Odiar es sinónimo de cambiar. ¿Quieres amor? Transforma tu odio. Puede que los demás te sigan, total, la sociedad es un rebaño de ovejas sin dueño lleno de hipocresía patriarcal.

Vida odiaba amar y a la vez sentía cierto amor hacia el odio, era más de lo que mostraba, más de los ojos que todos tenían puestos en ella, más de esa debilidad demoledora. Vida pronunció estas palabras delante de quien, para todos, era lo más importante de sí:

-Te odio, porque amarte perdió sentido en el momento en el que me conocí. Hoy pongo las manos ante el fuego, y que me queme de frío si no he dado por ti más de lo que tenía, hasta que todo se ha vuelto en tu contra y te ha manchado las manos. Nunca podría quedarme a ver cómo te destrozas, el pudor de tu sudor no alienta mi alma, pero creo que hay alguien que sí pica a mi imprudente curiosidad.

Otra vez se hizo notar la supuesta madre del miedo… Muerte apareció tras Vida, y su entrada sonó triunfal, por primera vez en la historia.


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