Entrevista a Tomás Sánchez Coleto, 'Don Tomás', homenajeado en Villanueva de Córdoba

ANTONIO MANUEL CABALLERO
VILLANUEVA DE CÓRDOBA


A Tomás Sánchez Coleto todo el mundo le llama Don Tomás, especialmente en Villanueva de Córdoba y Azuel. Nació el 6 de abril de 1930. Ejerció la docencia durante 40 años, pasando por sus aulas alumnos de varias generaciones. Ahora a los 87 años sigue recibiendo el afecto de esos niños y jóvenes a los que enseñó y hoy ya son adultos. Su pueblo, Villanueva de Córdoba, le tributó este pasado verano un merecido homenaje en el Teatro Municipal. Don Tomás, ahora en la residencia de Jesús Nazareno de Villanueva, manifiesta a los cuatro vientos su devoción a la Virgen de Luna, aunque en su corazón también hay un hueco para la Virgen del Romero de Azuel.


El maestro defiende la dignidad de su oficio del que se siente muy orgulloso. 


– Bonito homenaje el que le hicieron en Villanueva de Córdoba.
– Sí fue precioso, un homenaje por todo lo alto con muchos amigos y músicos. Estuve muy contento de verme rodeado de tanta gente que me quería.

– ¿Cuántos años ejerciendo la docencia como maestro?
– Cerca de 40 años lo que supone que han sido numerosos los alumnos que he tenido, en Villanueva en el colegio Moreno de Pedrajas los alumnos después de párvulos me llegaban a mis cursos y siempre tenía matrículas de más.

– ¿Por qué colegios pasó?
– Empecé en Villanueva de Córdoba y pasé por Puente Genil pero como interino. Luego saqué las oposiciones y ya con la plaza en propiedad estuve primero en Azuel, cuatro años, pueblo al que quiero mucho y dónde me quieren mucho, y luego Villanueva de Córdoba.

– Si hablamos de Azuel, hay que comentar su afán por dar esplendor a la devoción de la Virgen del Romero, ¿verdad?
– ¡Qué guapa es la Virgen del Romero!. Ya existía un sacerdote de Villanueva de Córdoba que inició la devoción hacia Ella en Azuel pero se quedó como algo informal. Yo cuando vi a la Virgen tan pobretona me empeñé en que estuviera mejor mirada y así comenzó todo y luego la siguieron propagando el resto de sacerdotes que por allí pasaron. Una señora de Madrid regaló dos imágenes. Es la patrona y le tienen mucha devoción en la aldea de Azuel y la gente le hace muchas mandas.

– Y de la Virgen de Luna qué nos puede contar.
– Bueno eso son palabras mayores. Es la Virgen que yo más quiero en el mundo y los pozoalbenses o tarugos y los jarotes y Ella está contentísima de tener los dos pueblos a sus pies. Ya se marcha de Villanueva, el sábado empieza la novena de despedida y el día 8 caminará hacia su ermita.


Tomas Sánchez Coleto en el teatro de Villanueva el día de su homenaje.  


– ¿Acude con mucha frecuencia a ver a la Virgen?
– Ya menos porque estoy enfermo, pero no he dejado de ir un sábado a su ermita cuando está allí. Desde niño mis padres me enseñaron esta devoción tan bonita y la he mantenido toda mi vida. Acudo a la misa o simplemente a estar con Ella una tarde o una mañana. Un día tuve la dicha de que al paso de la procesión por mi calle se paró la Virgen de Luna delante de mi casa y me hizo tan feliz que la felicidad aún me dura.

– Usted defiende los lazos de unión entre Villanueva y Pozoblanco entorno a la Patrona.
– Claro ahí está la cosa. Está la tontería de los pueblos que si tu vas, que si yo vengo, que nosotros le cantamos mejor, etc., y eso no puede ser. La Virgen quiere por igual a los dos pueblos. Son amores diferentes porque son pueblos distintos pero a la Virgen de Luna la quieren lo mismo los de Villanueva que los de Pozoblanco. Doy fe porque he ido mucho a Pozoblanco y en Villanueva somos muy devotos de la Madre.

– ¿Cree que será posible su coronación?
– Dicen que es un tanto difícil por la razón de las tonterías que hay entre los pueblos. Son dos hermanos encontrados y eso no está bien. Para coronarla hay que estar muy de acuerdo los dos pueblos. Ella tiene sobrados méritos para ello y si se caminara hacia esa coronación estoy convencido que a la Virgen de Luna le daríamos una alegría.

– En su homenaje de Villanueva un señor de Pozoblanco, Ángel, le llevó un ramo de flores. ¿Qué le pareció?
– Muy bonito, lo quiero mucho. Tiene un bar al lado de la parroquia de Santa Catalina y siempre me envía saludos dice que para el maestro. Antes a mi casa y ahora a la residencia.


Siempre ha recibido el cariño de los jarotes y ahora aún más


– ¿Es verdad que usted en realidad le hubiera gustado ser músico?
– Bueno en realidad las dos cosas maestro y músico. Un tiempo fui músico de la banda municipal. Empecé a estudiar muy mayor porque estuve enfermo y tuve que elegir porque entre los ensayos y los estudios llegaba la madrugada. Como no podía cumplir con las dos cosas elegí mi vocación de maestro.

– ¿Qué recuerdo tiene de sus padres Tomás y Virginia?
– ¡Uy muchos! Los primeros devotos de la Santísima Virgen de Luna eran mis padres. Mi padre era alfarero y mi madre estaba en las labores de casa. Estuve un tiempo echando una mano a mi padre. Ellos me llevaban a misa de alba y fueron dos ángeles de la guarda que me encaminaron a acercarme a una Virgen Madre, que aunque no habla escucha y me escucha mucho. Mi padre era alfarero y hacía tejas y siempre me llevaba por ejemplo a Pozoblanco a ver a la Virgen de Luna. Estoy muy orgulloso de mis padres.

– ¿Es verdad que le regaló un manto a la Virgen?
– Sí de color verde pensé en Andalucía así que blanco y verde porque de ese color no tenía. Es precioso, lleva el Espíritu Santo detrás. Estoy muy contento con ese regalo.

– ¿Cómo prefiere que le llamen maestro o profesor?
– Maestro que es más sencillo. Pese a lo de Don Tomás, prohibí a los padres que me llamaran de usted. Entonces les decía pues Tomás a secas o maestro y lo de maestro ha pervivido hasta el momento presente que le gente que viene a verme de Villanueva o Azuel me sigue llamando maestro.

– Habrá cambiado mucho la enseñanza desde la época en la que usted la ejerció.
– La cosa ha cambiado según me cuentan mis compañeros. Yo de mis alumnos estoy muy orgulloso, eran muy buenos. No me han dado ningún ruido ninguno de los niños de Azuel o Villanueva. En Azuel los tenía más grandes y colaboraban mucho en las clases.

– ¿Cree que el de la enseñanza es uno de los oficios más importantes?
– Sí es muy grande. Decían que yo tenía que ser practicante pero me daban miedo las curas. Siento magisterio dentro de mi corazón. Cuando empecé a estudiar tenía 18 años porque pasé un tiempo enfermo. Decían que no podía hacer un trabajo pesado y en Correos aprendí mecanografía. Puse una escuela porque entonces no había ordenadores y casi todo el pueblo aprendió en mi casa. Así también estaba siempre con mis padres. Pero siempre estaba en mi mente el magisterio y acabé siendo lo que había querido.

– ¿Está contento en la residencia de Jesús Nazareno?
– Estoy muy contento, además linda con mi casa en la calle Fomento y Jesús Nazareno ha sido vecino mío (ríe).

– ¿Cómo se encuentra?

– Bueno ahora me han dicho que me tengo que operar de cataratas, que no veo ni jota. Si Dios quiere la operación va a ser en noviembre, que por lo menos vea con mis ojos cuando en mayo llega la Virgen de Luna tan guapa y con ese señorío a Villanueva de Córdoba. 



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