Antonio Salmoral, el reportero que grabó la agonía de Paquirri

ARTURO LUNA BRICEÑO


Recuerdo que la mañana del día 26 de septiembre de 1984, Antonio Salmoral y yo habíamos quedado en el Centro Regional de TVE en Sevilla. Estábamos haciendo un reportaje sobre los Colonos Alemanes que trajo Olavide en el Siglo XVIII. Me preguntó si me iba a ir a mi pueblo a ver la corrida. Le dije que si y me propuso que la rodáramos para el Centro. Se la ofrecimos al encargado de los toros, de cuyo nombre no quiero acordarme. Nos dijo que ese cartel no era bueno y que preferían dar la Corrida de Baeza.

En La Carlota, después de comer nos despedimos hasta el día siguiente en la Luisiana.

Lo vi entrar minutos antes de comenzar la corrida en la Plaza de Pozoblanco, iba con Pepe Toscano. Al parecer Pepe lo había convencido para que lo acompañara y de paso la mujer de Salmoral le pidió que le grabara la corrida con la cámara domestica de vídeo, porque a ella le gustaba mucho Paquirri.

Antonio Samoral.


Salmoral se colocó junto al burladero de los médicos. Paquirri recibió allí a Avispado, y lo toreo mirando al tendido. Levantó una polvareda que le manchó el objetivo. Salmoral lo estaba limpiando cuando Avispado se echó a los lomos al de Barbate. Su instinto de gran reportero le hizo reaccionar y grabó a Paquirri colgado del cuerno y tratando de quitarse el toro de encima. Lo demás lo vio el mundo entero. Un torero llevado en volandas entre salpicones de sangre que salían de la pierna partida. Un largo y trágico paseillo en que perdió tres litros de sangre. Salmoral no tuvo nada más que recular y sumarse a la comitiva. Entro en la enfermería y grabó siete minutos de imágenes de los que apenas se han visto dos y medio. Son las palabras que Paquirri decía al médico para indicarle las cornadas que llevaba.

Esas imágenes, que esa misma noche las visionamos con Pepe Toscano, continuaban y se veía como le cortaban el traje al torero y un puño que penetraba en la herida para tratar de cortar la hemorragia. La cámara se centraba en la cara de Paquirri que poco a poco iba quedando inconsciente y susurró unas palabras. El micrófono no las captó con claridad. Después de pasarlas varias veces entendimos que decía: ¡Llamad a Isabel!

Salmoral, a quién en Sevilla le habían rechazado el reportaje, se vio moralmente obligado a entregar estas imágenes a Televisión Española, (hoy prohibida su reproducción por una Sentencia del Supremo), que le pagó un millón de pesetas y le prometió la fijeza. Promesa que nunca se cumplió y con esa amargura se murió el bueno de Antonio.

Quizás si en Informe Semanal se hubiesen emitido íntegros los siete minutos de la enfermería de Pozoblanco, hoy las polémicas, verdades a medias y “maldiciones” no tendrían lugar. Los espectadores se hubieran percatado de la gravedad de la cogida y no les hubiera extrañado tanto la muerte del torero. Pero al ver a Paquirri lleno de vida y tratando de calmar a los médicos, la impresión general fue que la cogida no era tan grave como para causar la muerte del torero y se culpó a los médicos, a la enfermería y al pueblo.



Cuando entrevisté a los forenses que actuaron en la autopsia de Paquirri para saber la causa de la muerte, supe que un juez había ordenado que se diseccionara la pierna y se averiguara que heridas tenía y cual fueron sus recorridos. Una de ellas, que en principio se dijo que tenía treinta y cinco centímetros profundidad, resultó que tenía cuarenta y que le había tocado la “cresta iliaca”. Por esta herida se desangró el torero.

Estos documentos están recogidos en el Expediente de Instrucciones Previas núm. 2734-84, del Juzgado de Instrucción nº 1 de Córdoba que era el que estaba de guardia. Diez años después de la muerte de Paquirri, nadie había consultado este expediente para conocer las cornadas y las causas que produjeron la muerte del torero.

Antonio Salmoral ganó el Premio Nacional de Periodismo, pero los taurinos no le perdonaron las imágenes de la enfermería.

Si el Ayuntamiento de Pozoblanco hubiera seguido adelante con su querella contra los difamadores, hoy esas imágenes las conocería todo el mundo y el informe de los forenses también. Todavía estamos a tiempo y se lo debemos a Antonio Salmoral.

El día 26 de Septiembre de 1984, fue miércoles y hasta el lunes siguiente no pudimos reanudar el reportaje. Quedamos en La Luisiana a desayunar. Cuando Antonio llegó al bar ya era un personaje famoso y conocido. La chica que atendía la barra se le quedó mirando y le dijo:

— ¡Anda, usted es el que cogió a Paquirri!

Y Antonio Salmoral, que tenía un gran sentido del humor y una mente ágil, le respondió:

— ¡Alto ahí, señorita! Yo soy el que lo retrató, el que lo cogió fue Avispado.


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