Yo estuve en los campamentos de Veredas (I)

PACO CABRERA


Recordando a D. Antonio Jiménez Romero (S.D.B.) y a D. Juan Caballero Romero, capellanes con los que compartí estos campamentos, y a los muchos niños y niñas, hoy adultos, que estuvieron allí. 

Vamos a hacer un poco de historia y recordar cómo se organizó el primero de los Campamentos en el Santuario de la Virgen de Veredas, en Torrecampo, organizado desde Cáritas Interparroquial de Pozoblanco.

Estaba comenzando el verano. Trabajaba como voluntario en dicha Cáritas Interparroquial. Habíamos organizado dos Campamentos-Colonia en Torrox-Costa (Málaga). La actividad de campamentos no podía perderse. Volver a Torrox era poco menos que imposible debido a las muchas solicitudes que surgían en la Diócesis de Córdoba.

D. Juan Caballero y yo, tras comentar la posibilidad de continuar con la actividad, nos desplazamos al Santuario de la Virgen de Veredas a Torrecampo. Veremos qué podemos hacer.

Primera necesidad: el agua. Paseamos por el río, y vimos a unos cuatrocientos metros una charca del Guadalmez. El agua se veía algo turbia. Notamos que al removerla se filtraba el lodo y el agua quedaba limpia. ¡Vale! Los acampados podrán bañarse.

¿Y los aseos? Segundo problema. Yo recordaba que en tiempos del salesiano D. Antonio Jiménez, con el cual viví un Campamento como monitor, había un pozo en el huerto, donde sembraba el santero, y allí había agua para beber y para asearse. Nos acercamos muy ufanos, y el pozo estaba seco. Yo sabía que allí tenía que haber agua. Cogimos pico y pala, entre un montón de arañas, y entre D. Juan, algún acompañante más y yo conseguimos dar con ella, ¡había duchas!

¿Y beber? Nuestro amigo Juan Alameda nos proporcionó un camión cisterna lleno, que quedó en el Campamento los quince días de duración.

Segunda necesidad: la comida. No disponíamos de frigorífico para dar de comer a cincuenta personas todos los días. ¿Cómo lo resolvemos? Ir a repostar todos los días a Torrecampo. ¿Cómo tomar algo fresco? Refrescábamos las bebidas entre el pescado congelado que se iba a consumir. ¿Y el menaje de cocina? Nos fue prestado del antiguo internado que tuvieron los Salesianos.

Tercera necesidad: ¿Dónde dormir? En Torrox lo hacíamos en literas. En el campamento no era posible. Conseguimos que nos prestaran unas tiendas de campaña y también en la construcción que había debajo de la Cruz de la explanada.

Cuarta necesidad: Médico del Campamento. Era obligatorio tener un médico a disposición. Yo conocía al médico de Torrecampo que estudió conmigo el bachillerato en el Colegio Salesiano. D. Rafael Tirado. No hubo problema, él se ofreció a ser nuestro médico.

Quinta necesidad: Hacía falta un título para ser Jefe de Campamento, si no, el Gobierno Civil no autorizaba la acampada. ¿Qué hacemos? Yo recordé, que por ser maestro, había obtenido el título de Instructor Elemental de Juventudes. Todos los maestros los teníamos que obtener entonces, para poder ejercer en la Enseñanza. Lo presentamos en el Gobierno Civil, y lo consideraron válido.

Sexta necesidad: Monitores para llevar adelante la actividad. Nunca faltaron voluntarios. Además se les veía con mucha ilusión.

Séptima necesidad: Permiso de la Cofradía de la Virgen de Veredas para organizar la acampada y utilizar la ermita y santería para las actividades. No hubo obstáculo para ello. Debatido en su Junta Directiva, se nos dio el visto bueno.

Octava necesidad: ¿Cómo lo financiamos? Pedimos ayuda a empresas y entidades. Reunimos a todos los padres. Tanto supone el gasto por persona. ¿Qué hacer para que pudieran asistir todos, sea cual sea su situación económica? Cada padre que aporte lo que pueda, si puede pagar más de una plaza, estupendo. Si no puede pagar nada, también estupendo. Si es de Dios, saldrá adelante. Siempre sobró dinero. Fuimos comprando tiendas de campaña y menaje de cocina para años sucesivos.

Novena necesidad: Con el cura D. Juan Caballero, el servicio religioso estaba cubierto. Vivió allí los quince días de acampada, en una tienda de campaña y cuidando como cualquier monitor, de un grupo de niños.


Son artículos para el recuerdo. Escribiré, Dios mediante, un segundo artículo, explicando cómo era la vida, día a día, en dichos Campamentos. Los queridos lectores, que fueron niños y niñas participantes, tal vez los recuerden con nostalgia y cariño. 

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