Probabilidad vs Verdad

SEBASTIÁN MURIEL
(Docente jubilado)


Desde que el mundo es mundo, el hombre se debate en la búsqueda de “la verdad”. Será por genética o por pura curiosidad pero el caso es que la vida podríamos calificarla como una constante búsqueda. Buscamos verdades en las que asentar nuestros hechos y buscamos respuestas que nos ayuden a seguir y a encontrar cierta paz interior. Aparte de las controvertidas verdades históricas sobre acontecimientos acaecidos a lo largo de los siglos están las eternas verdades religiosas sin olvidar las verdades ligadas a la existencia, a la ética o a la ciencia. Es casi inevitable que esas verdades vayan acompañadas de preguntas. La mente humana, desarrollada en cientos de culturas diferentes, es tan incisiva que puede encontrar varias respuestas para la misma pregunta. Con frecuencia las respuestas se contradicen, otras son respuestas ambiguas rellenas de incertidumbre y en otros casos no hay respuestas. Salvo en el terreno científico rara vez encontramos verdades o respuestas ciertas al 100 %.

Entiendo indiscutible que las verdades no pueden meterse todas en el mismo saco y no se pueden comparar, hay categorías. Una cosa es afirmar lo que ocurrió en Egipto en el año 1300 a.d. J.C. y otras muy diferentes son garantizar la existencia de Dios o certificar la bondad de un fármaco. Si intentamos averiguar de dónde venimos y a dónde vamos las cosas se pueden complicar excesivamente. Las verdades o certezas en un terreno son intransferibles a otro y para nada son confrontables. Digamos que las certidumbres son específicas, como una buena parte de las medicinas.

Mi experiencia me dice que el terreno de la verdad no tiene unos límites claros y necesita matizaciones y aclaraciones. Además en ocasiones las verdades crecen o disminuyen en función de nuevos hallazgos, de nuevas ideas o nuevas interpretaciones por lo que sus fronteras cambian. La realidad, los problemas, la historia, las situaciones, las creencias presentan muchas perspectivas y resulta difícil encontrar una única interpretación que los explique. Reducir los colores al blanco y al negro nos aleja del Arte y de la Naturaleza. Incluso un color tiene distintos tonos. Es por eso que me inclino a pensar en aproximaciones a las verdades, en interpretaciones complementarias, en argumentos adicionales,….Nunca me gustaron las teorías reduccionistas porque sencillamente suelen ser mentira por muy comprensibles que parezcan ser. Me gusta pensar que hay muchos caminos para ir a Roma y me uno a Serrat cuando canta aquello de que “cada quién es cada cual y baja las escaleras como quiere”.

Creo que estaría bien sustituir esa necesidad de sentar cátedra que tiene alguna gente por una actitud que adopte” lo más probable”. En todo lo humano es necesario reemplazar los dogmas por la probabilidad, una probabilidad acorde con el conocimiento, con hechos contrastados, con principios éticos y que procure el bien común. Hablar en términos de probabilidad permite un margen a las opiniones de los otros, a la duda, al debate, a compartir, a tolerar. Sólo los iluminados pueden afirmar tener la verdad.

Por cierto, este maravilloso, ilimitado e indescriptible Universo, ¿por qué y para qué? 
Seguimos.


Nota: Intencionadamente he dejado fuera de estas líneas cuestiones de fe y creencias religiosas. 


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