Por los que fueron atropellados y asesinados

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Terror en Cataluña. Atentados. Atropello mortal. Ataque terrorista. Dolor. Pánico. Muerte. Barbarie. Llantos. Sangre. Caos. Miedo. Indefensión. Cuerpos tirados por el suelo. Multitud. Otro atentado islámico.

¿Hasta cuándo? Han vuelto a asesinar a gente. Se han llevado a gente con sueños, con hijos. Se han llevado a todo lo que han encontrado a su paso. Estado Islámico ha reivindicado la autoría del atentado.

Los grupos yihadistas aplauden el ataque. Aplauden las muertes. Se mofan del dolor. Celebran que haya gente herida, que haya gente fallecida, que haya gente ‘jodida’. A pesar de ello, todavía hay gente que pide trato igual para la gente que mata. A pesar de ello, todavía hay gente que, con la boca muy chica, condena el atentado o no lo hace porque vivimos en un mundo donde la locura ha crecido. Es una epidemia. Muchos locos sueltos que no ven mal que algunos se metan a atropellar niños, ancianos y padres de familia en una tarde de verano.

Las víctimas del terrorismo son los inocentes. Esto tiene que quedar claro en este mundo confuso que algunos quieren crear. Porque cuando pasa el tiempo, a los familiares de las víctimas los tratan como verdugos. Vergüenza. Los que matan son los terroristas, son los enemigos de la paz y de la democracia. Esa es la lección uno. Y los políticos están para protegernos y para defendernos. Como dice Rosa Díez, cofundadora de UPyD, “ellos, los malos, están visceral y radicalmente unidos; nosotros, los buenos, aún hoy nos miramos de reojo. Incluso nos separamos a la hora de dar las primeras ruedas de prensa”.

España es Cataluña en estos días de pánico. No se encuentran palabras para condenar esta nueva salvajada. El ataque no solo iba para las víctimas sino para todos los españoles. Esa ideología del odio de los yihadistas está aterrorizando a Europa.

No estamos seguros en el tren, ni en la calle, ni en un concierto, ni en un aeropuerto. Vienen a matarnos a nuestras aceras. Es hora de plantar cara. París, Bruselas, Londres, Madrid, Barcelona. Hace tiempo que nos han declarado la Guerra. No lo queremos creer. Es así. Los terroristas más brutales del mundo anidan en las ciudades. Esperan su momento. Habrá más. Mañana nos puede tocar a cualquiera.

Ya no nos pueden proteger. Tenemos que ir con las armas que nos quedan. Condena, unión, corazón, valentía, fuerza, justicia, convicción... Hace tiempo que matamos ese espíritu de lucha con esas armas que no tienen más munición que los valores de siempre.

Y todo ello, porque nos duelen las víctimas que son los que pierden la vida. Nos duele la familia que se queda sin ellos. Nos duele mucho que jueguen con nosotros, que nos golpeen. Nos duele y mucho. Hay que llorar por ellos pero justo después de haber luchado. Y haberlo hecho por ellos. Sin armas de fuego. Solo con nuestra humanidad pero luchando. De una vez por todas tienen que quedar las cosas claras. Termino con la frase de Rosa Díez, “derrotar, no es comprender; derrotar, no es dialogar; derrotarles es acabar con ellos, acabar con los terroristas”. 


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