Epíteto 4: Es delito suicida de muerte

PAULA RANCHAL GARCÍA
(Estudiante 4º ESO) 


Vida ha terminado de gritar. Ha terminado de hablar, de reír, de llorar, de cantar, de bailar, de correr. Vida ha acabado. Pero hay una cosa curiosa. Cuando Vida acaba por completo de ser ella, vuelve a surgir, como nueva, en otros sentimientos completamente distintos: algo que quisieron llamar Reencarnación, algo con lo que no todos están de acuerdo.

Mundo, al verse sin nada que hacer con respecto a la actitud de su ‘amada’, llamó a un arma de doble filo a la que avisaba en sus momentos de abarrotada ira, una sombra oscura y enigmática con la que muy pocos trataban, Muerte. Sabía que podía ser peligroso, pero sus escrúpulos se esfumaron, como él había avisado. Su ingenioso plan era dejar a ambas juntas y sin nadie más para ver cuáles eran sus reacciones, para ver si Muerte podía hacerla volver en sí. A Mundo no le caía muy bien Muerte, aunque más de una vez le echase una mano. Sabe que tras Muerte hay dolor, y Vida desaparece, cosa que a él no le hace mucha gracia.

Vida tenía un confuso concepto de Muerte porque no la conocía de primera mano, incluso creó algo llamado Religión para denotarla como algo bueno. Ella nunca la había visto, sólo sabía de las sensaciones que algunas partes de sí le contaban, pero Muerte aparecía cuando Vida se marchaba, y viceversa. Aun así, Vida la odiaba a más no poder. Vida odia todo lo que no puede descubrir hasta que lo hace, y Mundo tenía eso muy claro, por eso pretendía que tuviera una nueva amiga, pero no se percató de si esto podría traerle más problemas.

Mundo y Vida ahora estaban distantes. Vida luchaba con sus demonios interiores continuamente aunque pareciese que sólo dormía y hacía como si nada pasase, y Mundo intentaba ocuparse de todo lo que hacía Vida sin recompensa, mientras Muerte llegaba cada vez más rápido. Se avecinaba movida. Mundo no aguantaba más cuando, de repente, vio a Muerte de lejos y, por una vez, se alegró de verla:

– ¿Qué tal ha ido el viaje?- preguntó Mundo procurando ser amable por lo que debía pedirle.

– La verdad es que más fácil que últimamente, nadie impedía mi paso, ha sido como si todos me buscasen, y eso nunca había pasado. ¿Qué ocurre? No tengo mucho tiempo.

– Ya, bueno, es que… he tenido un pequeño problema con Vida.

– ¿Vida? ¿La que intentó utilizarme para escapar a Luna?

– Esa misma.- dijo en tono reflectante- Verás, creo que se siente sola. Entiendo que necesita algo con lo que entretenerse porque conmigo no tiene suficiente o algo así, no sé, yo a vosotras no os entiendo, tenéis vaivenes constantemente y este es uno de sus grandes cambios de humor.

– ‘Nosotras’ sólo pensamos diferente, que se te haga complicado es problema de tu sentido común, no de su instinto independiente, y no creo que esté así por nada, ¿has podido tú ser causa de su tristeza? –Muerte ya conocía a Mundo bastante bien y con él siempre era mejor ser directa.

– ¿Intentas culparme por cuidarla y mantenerla todo este tiempo? Yo le he dado lo mejor mí y siempre me he preocupado por su seguridad, sino no te hubiese llamado. Quiero que seas su amiga.

Muerte está confusa, tiene muy claro que Mundo no cuenta las cosas tal y cómo son pero ella no puede hacer nada porque Vida no puede conocerla. Muerte debía ser un enigma para todos, Mundo cree conocerla pero no es así. Nada tendría sentido si Muerte se mostrase. Ella estaba al tanto perfectamente de Vida, sabía que estaba sufriendo y que ponía demasiado empeño en saber quién era ella. Muerte nunca ha conocido el miedo, ya que ella es la que adereza a Vida para que pueda volver a empezar.

– Lo siento Mundo, pero no puede ser. Yo soy un alma libre y autónoma, trabajo sola y nadie debe conocerme hasta que llegue su momento, y el de Vida nunca llegará. Somos completamente incompatibles.

Muerte desapareció dejándole la palabra en la boca y Mundo no pudo detenerla. En ese momento, Vida apareció llegando a la cima del Teide, lugar donde Mundo y Muerte se habían encontrado hacía unos minutos. Ella se veía decidida a decir algo, parecía estar perfectamente bien, como si nunca nadie le hubiese cortado las alas; sin embargo, tenía cara de haber recibido una noticia que cambiaría por completo su manera de pensar, Mundo había visto antes esa talante. Él sonrío a tientas, intentando ocultar la conversación que acababa de tener.

Cuando parecía que Vida iba a disponerse a hablar, una enorme sombra negra, que Mundo no había visto venir, empujó a Vida desde lo alto de la gran montaña, haciéndola caer en picado, dejándola con la palabra en la boca (y Mundo no pudo detenerla).


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