Epíteto 3: Es ley de vida

PAULA RANCHAL GARCÍA
(Estudiante 4º ESO) 


Vida está pensando. Lleva reflexionando unos días sobre el ‘incidente discusivo’ del otro día. No se puede creer que quién más deba quererla no la deje ser libre. No tiene sentido, pero ella no tiene ni idea. Después de darle muchas vueltas al asunto y tras comprobar que hablarlo es la peor solución, ha solicitado cita con una parte de su cerebro a la que llaman Psicólogo, muy recomendada, por cierto.

Se sentó a orillas del río Sena y con la suave brisa que regala París, empezó a hablar. Su desahogo fue tan profundo que no tuvo más remedio que respirar hondo y ponerse a llorar casi infinitamente, Psicólogo quiso llamarlo Impotencia:

– Llora, grita y sufre- no para de decir Psicólogo- debes sentir que dentro de ti hay la suficiente fuerza vulnerable como para derrocar a tus miedos del trono. Él desaparecerá, y no puedes desaparecer con él porque tú inventaste a Esperanza, como al resto de lo que ves. Hay más mundo fuera de Mundo, aunque suene paradójico, y tú, pequeña mía, eres la dueña de todo lo conocido y por conocer.

– Llorar me hará débil y más accesible a sus chantajes. No sé vivir sin Agua ni Oxígeno, y son partes que lo componen y que no están en todas partes. Llevo con él desde que aparecí aquí y me ha cuidado siempre pese a todo.

Una lagrimita salió de su ojo derecho color marrón cacao y cayó al célebre río.

– No seas tan dura contigo misma, nos haces daño a todos. Él también te ha destroz…

Antes de que pudiera acabar de hablar, lo que parecía una fuerte tormenta de arena apareció de la nada ante sus ojos llevándose consigo a Psicólogo a través del aire. Vida intentó agarrarle, pero en ese momento, Mundo la agarró de la mano y se la llevó a la otra orilla del río.

– ¿Por qué has hecho eso? ¿Te has vuelto loco? Era una parte de mí. –Gritó Vida sollozando.

– Te estaba haciendo llorar y no podía permitírmelo, hay fracciones malvadas en ti que debes cambiar, cariño.

– No lloraba por su culpa, y no eres nadie para llevarte así pedazos de mí cuando te apetezca, no sabes valorar si son o no buenos siendo tú el primero que arrasa con mi libertad. No lo entiendes.

– Vida, preciosa, ¿no entiendes que sin mí no puedes vivir? Si no, mira la última vez que lo intentaste, no estás preparada para conocer nada, eres débil y franqueable. Déjate enseñar.

– Contigo no puedo aprender si no me dejas salir de aquí.

– ¿Tú me quieres?

– Por supuesto que te quiero, ¿qué pregunta es esa?

– Una que no has sabido responder con sinceridad. Si me quisieras querrías estar conmigo y no escapar de mí, querrías aprender a controlar mis problemas que acaban matándote y no escapar de ellos, querrías abrazarme continuamente y no intentar mancharme con tus innecesarias lágrimas. Tú eres la que no entiende lo que es el amor.


Vida quedó a cuadros. Una vez más, no sabía qué decir, esa maligna impotencia de la que le había hablado Psicólogo volvía y ella no quería aguantarla otra vez. Vida se puso en pie, abrió los brazos y pegó el grito más grande oído en mucho tiempo, pero para tiempo el que duró. Mundo intentó callarla pero si lo hacía, sus ganas se intensificaban. Vida había pasado de un estado de confusión a ira, una ira que hizo que Mundo quedase acobardado, pensando que quizá había perdido a su compañera de viaje. Mundo tendrá que llamar a quién nunca más esperaba volver a nombrar… Muerte.


No hay comentarios :

Publicar un comentario