Epíteto 2: Intentando arrasar primicias

PAULA RANCHAL GARCÍA
(Estudiante 4º ESO) 


El Mundo y la Vida han vuelto a discutir. Mundo como siempre, ha acabado llevando la razón.
Todo empezó porque ella propuso irse un par de semanas sola de vacaciones, a saber más aparte de lo que él le contaba sobre el exterior, y a intentar descubrir si había otras como ella. Él respondió que no le parecía nada buena su idea, que ella debía acompañarle y estar con él (valga la redundancia). 

Argumentaba que si había amor de por medio no podían separarse tanto, que iba a destrozar su relación. No mostraba posesión ni nada por el estilo, nótese la iron... Ella no entendía muy bien si él llevaba o no la razón, nunca antes se había enamorado, pero Mundo la miraba con sus ojos color azul atlántico en los que no había muestra de hipocresía, ni resentimiento… para ella. Ella decidió quedarse. Aún confundida, él le habló de conocerse más a fondo, de hacer cosas que nunca antes habían hecho y mostrarle cosas nuevas de sí. Ella quería no pecar de ignorancia en aquel momento, pero tenía claro a dónde quería llegar Mundo y eso a ella le dolía. Ella ansiaba andar sola, odiaba esa horrible dependencia hacia él, odiaba necesitarlo para vivir, odiaba tener que responder sí, cuando realmente no quería.

Entonces, tomó la decisión de su vida (chiste malo), intentar escapar, al menos por un tiempo. Había investigado sobre el tal ‘lado oculto de Luna’ y resultaba haber posibilidad de Vida, es decir, de alguien como ella. Quiso descubrirlo de inmediato, pero, como siempre, necesitaba de los recursos de Mundo para viajar hasta allí, y era complicado robarle materias primas a su costa. Por suerte o por desgracia, Mundo cometió un fallo y un tremendo volcán erupcionó, llevándose, cómo no, parte de Vida consigo, cosa que le llevó tiempo distraído, el cual sirvió a Vida para ir ‘robándole’ pedacitos a Mundo.
A punto estaba, lo conseguía, Vida había construido un gran cohete para poder escapar a Luna y conocerla un poquito más. Ella suponía que al ser un ‘lado oscuro’, Mundo no la vería y podría investigar en paz. El cohete calentaba motores cuando Mundo sintió un cosquilleo caliente en parte de su superficie. Buscó el paradero de ese cosquilleo y se encontró a Vida escasos metros de su atmosfera. Ella se iba, él no podía permitirlo. Vida intentó darse más prisa y ese fue su fallo. De repente, una lluvia ácida, de la que ella desconocía existencia, regó el Amazonas y el cohete se estrelló de vuelta a “casa”, junto con todos sus sueños. De nuevo, Mundo se enfadó y Vida sufrió las consecuencias.

Al volver a verse, Vida le habló de sus proyectos y de sus ganas de conocer, le exigía libertad y recursos, ya que por ella misma no podría conseguirlos debido al gran tiempo que lleva dependiendo de él. Él se negaba a dejarla escapar, le prohibió volver a alejarse de él, amenazándole con unas consecuencias aún peores y sin escrúpulos.


Ella se sentía como un cero a la izquierda en una relación que desde el principio le prometía felicidad sólo estimulada por amor. La sinceridad no está dónde un día se dijo, sino en el lugar y en el momento en el que demuestra existir. Soy fan de las Vidas que se quieren a sí mismas, pero eso es otra historia. No adelantemos próximos epítetos. 


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