Entrevista a José María Sánchez, director de Aliara y responsable del FolkPozoblanco


“Me gustaría llevar el folk a cada pueblo de la Comarca”


EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


José María Sánchez es un apasionado de su tierra. Lleva años haciendo una labor inmensa, recopilando vidas pasadas, historias antiguas y coplas de otro tiempo. Para él, Aliara comenzó como un hobby de adolescente. Perdió la adolescencia y Aliara siguió. Ahora ya después de tres décadas, ve las cosas desde la perspectiva del tiempo. Valió la pena el camino recorrido y vale la pena seguir recorriéndolo. Nadie imagina un verano sin la Muestra Folk. No falla. Sigue enamorado de las cosas que le llenan aunque sean sencillas y no se salgan del camino marcado.



– José María, otro año más con nuestra Muestra Folk. ¿Con la misma ilusión del primer día?
– A estas alturas es diferente, como el enamoramiento de los 17 años y el amor a los 50, pero sin duda, siempre existe la esperanza de que un nuevo objetivo quede cumplido con satisfacción, que a la postre, es la ilusión.

– ¿Cómo presentarías el cartel de este año?
– Los carteles hay que presentarlos siempre transmitiendo el mismo interés, ya sean muy ambiciosos o para cumplir el trámite. Este año no es ni una cosa ni la otra, pero siempre hay tratamos de ofrecer calidad, novedad y variedad. Y eso lo tiene este cartel.

– ¿Qué ha significado Aliara para ti?
– Aliara comenzó como un hobby de adolescentes (eso sí, con sincero interés cultural) y se ha convertido en algo, quizás, demasiado pesado. Ha llenado mi vida de ilusión, vivencias y experiencias de las que he aprendido mucho. En el trayecto final del camino Aliara soporta una responsabilidad para no decepcionar a nadie que, a veces, se convierte en una obligación más que en una devoción. Pero si lo tuviera que medir en dinero, ahora sería rico.



– ¿Por qué se está perdiendo la música tradicional?
– Sinceramente, creo que no se está perdiendo, lo tradicional y folk ha tenido en los últimos años anteriores a la gran crisis un gran desarrollo entre la gente joven y aún persisten muchos festivales folk que se llenan de público. Lo que ocurre es que aquí, en esta nuestra Andalucía, cantar folk o tradicional es como clamar en el desierto.

– ¿Cuánta gente hace posible el Folk Pozoblanco 2017?
– Bastante gente. Distinguimos dos ámbitos, el del Ayuntamiento y el de nuestro grupo. Desde la Concejalía de Cultura, con un seguimiento muy de cerca de Rosario Rossi y una buena coordinación de todas las actuaciones municipales por parte de Rafa Calero, hasta la Concejalía de obras que siempre está muy dispuesta a satisfacer nuestras exigencia. Y por otro lado muestro papel como hacedores materiales, pasando por la importante labor de la empresa que tiene la responsabilidad del sonido directo, Vicente Castro y su equipo y los amigos de Alibarra, excelente servicio de ambigú. Pues al final y entre todos unas 50 personas.

– ¿Cómo vives las horas previas al Festival?
– Pues hace 20 años con nerviosismo, ahora sólo con preocupación en que todo esté listo y no se escape detalle, pues siempre salen imprevistos que hay que solventar. Pero siempre con alegría, ganas de pasar un buen rato y aprender, siempre aprender.



– ¿Cómo estaba vista Aliara en los años 80 y como está vista ahora?
– Aliara comenzó en 1978 y entonces sólo éramos para los demás los que cantaban coplas de los viejos. En los 80 conseguimos aprender a caminar en el mundo de la música, nos fuimos haciendo un hueco y conseguimos varios premios importantes. En la actualidad, para explicar la historia de la música folk en España, hay que nombrar a Aliara. Y lo digo con orgullo, no con presunción.

– Esto no es un Slow Music, ¿verdad?
– Ya, ya, no lo es y tampoco sería posible, pues la música folk no atrae a tantísima gente. Este tipo de festivales se pusieron de moda hace muchos años y son muy rentables para las empresas organizadoras y políticos, que generalmente asumen el éxito como propio. Es totalmente legítimo. Por lo demás, les gusta al público en general y no van más allá. Cumplen su labor social.

– El taller de baile de jota es una de las novedades.
– El taller no sólo es una novedad, también es el inicio de una tendencia hacia la formación y el aprendizaje, algo que siempre ha hecho falta en Los Pedroches con nuestra propia cultura tradicional. Mi amigo Antonio Merino, del blog Solienses, dice que me equivoco con estas iniciativas y que no atraerán beneficio alguno sobre los jóvenes, pero nosotros estamos convencidos de que habrá alguna manera de que los jóvenes accedan al conocimiento de la música y la danza tradicional mediante acciones formativas. El truco estará en ver qué Arte nos damos para que ello ocurra. El exigir bailar la jota para conseguir puntuación en una prueba deportiva de unas olimpiadas, sólo produce un efecto instantáneo, pasajero e infructífero, pues en absoluto llegará a ser, por sí solo, un acercamiento a la jota en todo su contenido y mucho menos enseñará a quererla. Eso sí, no me parece mal que se haga porque de alguna manera la están promocionando, lo aplaudo.

– La invitación a los vallesanos para que acudan al evento.
– Siempre digo que la música folk es como la fruta tropical que nunca has probado y que una vez has dado el primer bocado, te la comes entera. O sea, un gran número de personas que se acercan a un buen concierto de folk, resultan contagiados. Me gustaría llevar el folk a cada pueblo de la Comarca para que cada vallesano le diera una oportunidad.

Pues eso, quedan formalmente invitados a la fiesta del folk en Los Pedroches.


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