El afán de protagonismo

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Todos somos personajes de la vida. Todos somos protagonistas del tiempo que nos tocó vivir. Todos somos artistas de una historia por contar. A pesar de que algunos creen que son los únicos personajes del momento (muchos llevan en ese momento toda una vida). Cada uno de nosotros poseemos nuestro papel, nuestras emociones, nuestras metas y nuestros sueños. Muchos creen que solo están ellos. Todavía algunos confunden la popularidad con la oportunidad. Todavía algunos piensan que el saber se puede comprar y que el talento de los otros se tapa con influencias.

Y lo peor de todo es que los que creen desempeñar el papel principal en la vida, son los que están haciendo el papel de cómicos. Los que se adelanta para salir en la foto, los que creen que mandan, los que están rodeados de palmeros, los que salen incluso en los telediarios, esos son los cómicos de nuestro tiempo.

El problema es que no se dan cuenta mientras están en el escenario. La vida es más seria y más fácil. El afán de protagonismo es la representación del teatro de lo absurdo. Es el esperpento del que hablaba Valle Inclán. Lo que pasa es que algún día, cuando bajen de las tablas, los que se creen protagonistas, verán que solo hay vacío. Los palmeros cambiarán de barco como las ratas. El poder se les habrá escapado y entonces tendrán que buscar su papel colocándose a la cola y detrás de los que ignoraron.

No se compra cariño con poder ni dinero. Lo verdadero está en uno mismo. A lo largo de la vida uno va haciendo su personaje. Por eso es tan importante la formación, los estudios, la educación, la palabra, la lectura y el esfuerzo. La vida no es un golpe de poder. Estos golpes duran solo un tiempo. Lo que dura realmente es la estructura que hagamos cada uno de nosotros mismos.

Por eso es tan importante educar en valores. Enseñar que hay que respetar y compartir los papeles que nos da la vida. No pisar al que tienes al lado. Me da mucha pena la consideración que actualmente tienen muchos políticos. Gente que ve a Pablo Iglesias y apaga la tele. Gente que ve a Rajoy y se pregunta qué hace todavía ahí. Gente que ve a Pedro Sánchez y no sabe si es el que echaron o el que entraron. A lo mejor es el mismo. ¡Qué sabemos! Gente que ve a Albert Rivera y tiene la sensación de escuchar el mismo discurso. También pasa en los líderes regionales, provinciales y locales. Gente con mando que cree que el mundo es suyo. Gente que cree que es un héroe y solo es un cómico ante los ojos de la gente.

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