Buscar la mejor solución para Pedrique

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


En esta última semana me ha llegado por distintos conductos información sobre la cantidad anual que tiene que pagar el Ayuntamiento de Pozoblanco, por la finca de Pedrique. Una cantidad que resulta de todo punto descabellada.

La compra de esta finca se le hizo al escultor Aurelio Teno, en unas condiciones muy pero que muy ventajosas para el vendedor, cuando este la tenía hipotecada y estaba con el agua al cuello.

Primero trató de vendérsela al Ayuntamiento de Villanueva del Duque, también al de Alcaracejos, al de El Viso y hasta al de Córdoba. Ninguno de ellos picó el anzuelo, pues todos consideraron desproporcionado el precio y muy gravoso lo que añadía la letra pequeña de mantenimiento y condiciones en dinero de usufructo.

Pero he aquí que en la legislatura de 1991-1995, el entonces alcalde de Pozoblanco, el socialista Antonio Fernández Ramírez, con mayoría absoluta y con mando pleno y total en su partido, no sé cómo entró en el hechizo de Pedrique y la compró sin ponerle un pero a las condiciones de venta.

Han pasado 19 años desde que se concretara esta compra, y no exagero si digo que la cantidad total que nos ha costado a todos los pozoalbenses ha superado los 800 millones de las antiguas pesetas. Esta ha sido, para mí, la peor operación en Pozoblanco desde que se instaló la democracia, y la máxima responsabilidad de esta nefasta adquisición tiene un nombre que es Antonio Fernández Ramírez. Lo que no sé es si hubo alguna razón personal o es que realmente de negocios el ex edil no tenía ni repajolera idea.

En la legislatura de 1995-1999 estuve de concejal en el Ayuntamiento pozoalbense, y para tratar de que la opinión de los miembros de la oposición fuera algo más benevolente hacia esta adquisición, fue el propio Antonio Fernández el que preparó una excursión a Pedrique un domingo con comida incluida en la bodega privada del escultor. Además tuvimos acceso a toda su vivienda, cosas que casi nadie puede ver.

Para mí, modestamente con algo de conocimientos en el sector inmobiliario, tanto urbano como rústico, no cambio un ápice la idea que ya tenía entonces concebida. Muy mal negocio fue la adquisición de una finca situada a 40 km de Pozoblanco, en el término de Villaharta, en una tierra mala de olivar de sierra, y donde el 80% de los pozoalbenses, que son los que pagan todo esto con sus impuestos, ni siquiera la han visto.

Vendieron en su momento que este sería un sitio maravilloso, casi idílico, donde se harían infinidad de congresos, reuniones, jornadas diversas, etc., todo un globo lleno de aire y sin ninguna base.

Los servicios jurídicos del Ayuntamiento deben estudiar las vías para poder deshacerse de esta ruinosa finca, y si no puede ser en vida de la viuda del artista, pues cuando sea posible. Pero algo hay que hacer con una adquisición que no sirve casi para nada, y lo que es peor, que el 90% de la población jamás podrá usarla para nada útil, porque cualquier cosa que se pueda hacer allí se hace mejor en la misma localidad, y sin tener que recorrer 80 km entre la ida y la vuelta. Sabemos que el máximo responsable de esta mala compra fue el alcalde de entonces, pero tampoco podemos olvidar la responsabilidad que tienen los actuales ediles y los que vengan para que de una vez por todas cojan el toro por los cuernos y, dentro de los márgenes legales, deshacerse de este cubo sin fondo. E incluso digo más, el venderla por un precio simbólico sería la mejor operación que Pozoblanco podría hacer con esta gravosa e inútil propiedad.

Así que ya lo saben, “Finca que pide y cestos sin culo, dejan al pueblo en el hueso puro”. 


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