Se nos fue nuestro querido Don Antonio Jiménez

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


El pasado sábado falleció a la edad de 94 años en La Orotava (Tenerife), D. Antonio Jiménez Romero, sacerdote que estuvo destinado en el Colegio Salesiano “San José” de Pozoblanco durante 12 años, de 1960 a 1972.

Los antiguos alumnos del Colegio Salesiano que hoy tienen entre 51 y 64 años conocieron bien a este gran hombre.

Yo lo conocí por primera vez cuando mi madre Luciana, me llevó al Colegio en septiembre de 1968, cuando tenía 6 años. Ambos llegamos al centro y mi madre solicitó hablar con Don Antonio. Allí estaba él con su sotana y su voz enérgica. Durante unos minutos estuvieron hablando y a la terminación él se dirigió a mí y me dijo:” Miguelito, despídete de tu madre, que nos vamos a clase”. Yo inicié la caminata, y al mismo tiempo miré hacia mi madre como queriéndole decir que viniera conmigo, que no me dejara solo. Él captó el detalle y le hizo un gesto a mi madre de que se marchara y que no se preocupase, que su hijo quedaba en sus manos.

Don Antonio nació en 1923, un 2 de abril, por lo tanto cuando lo conocí tenía 45 años, una edad algo avanzada para aquellos tiempos, pero no para él, que tenía un espíritu joven, gran vitalidad y muchísimas habilidades, como por ejemplo jugar al fútbol, subiéndose con las manos la sotana, o jugando a las canicas como un niño más en el patio de los servicios, ambas cosas con talento y habilidad, como si fuese un adolescente de 17 años.

Normalmente, casi siempre llevaba en su mano derecha una campanita de bronce, que la utilizaba tanto para llamar a grupos, como de porra, cogiéndola por la lengüeta y dándonos en la cabeza un toque con el rabo de la misma, cuando consideraba que no nos habíamos portado bien. Eran otros tiempos, con bastantes menos remilgos que ahora en la utilización de ciertos métodos para la educación, y que hoy hasta los propios progenitores tienen que medir hasta el extremo, porque cualquier pescozón ya se considera aberrante por muchos “modernos” especialistas, pero que en aquella época sirvieron a más de uno para aplacar sus tendencias a la anarquía y el salvajismo.

Si estábamos en la iglesia y él estaba diciendo la misa, si nos veía distraídos en la misma o jugando, él desde el altar te miraba y con los ojos te invitaba a que al terminar la misa te presentaras ante él, y de ahí o te daba con la campanilla o directamente te mandaba arrestado a estar una hora debajo de la famosa y legendaria campana que estaba situada en el primer tramo del pórtico ubicado en el patio mediano del Colegio.

En mis tres primeros cursos él estuvo de responsable de primaria, y dejó una huella indeleble tanto en mí como en la mayoría de los alumnos de la época, pues tenía un sello muy personal. Y más allá de la anécdota de los toques con la campanilla, que en ningún caso le hacían ser un hombre violento, autoritario o represor, su principal rasgo de carácter, que influía sobremanera en la marcha de la totalidad del Colegio, aunque él no fuera el Director, es que era un hombre súper dinámico, con un carisma, un empuje y una capacidad de arrastre singular, con ideas e inquietudes permanentes en su cabeza (seguramente se miraba en el espejo de D. Bosco), puesto que le gustaba aprovechar cada minuto de su existencia y que los colegiales hicieran lo mismo.

El Colegio era para los alumnos de aquella época una segunda casa, con horas lectivas y algunas misas obligatorias, sí, pero también con múltiples posibilidades y alternativas de ocio, casi todas impulsadas y promovidas por él, y que hacían que estuviéramos “enganchados” (en el mejor sentido) al Colegio Salesiano todos los días sin exclusión de la semana. En aquella época, gracias sobre todo a D. Antonio Jiménez, el Colegio Salesiano era un hervidero permanente de actividades (cine, teatro, deportes, música, juegos, concursos…) y de jovencitos que exprimían sanamente con ellas cada minuto de su existencia. Y esto no se limitaba al tiempo del calendario normal escolar sino que se ampliaba al verano donde organizaba el campamento en la Virgen de Veredas y continuaba con las actividades ininterrumpidas del oratorio. Además trataba a todos por igual, sin tener ningún trato preferencial, y siempre estaba pendiente de los maestros para que aplicaran la mejor didáctica.

En estos tiempos, donde todos los días tenemos algún escándalo de corrupción en todos los apartados de la economía, y donde muchos de los valores íntegros se han perdido, qué gran espejo es mirarse en la obra que durante tantísimos años desarrolló D. Antonio en los centros en los que estuvo destinado, dando todo su tiempo y lo mejor como ser humano de forma altruista.

De todos los sacerdotes que conocí entonces en los Salesianos, y sin menospreciar a nadie, para mí este fue, junto con D. Lorenzo Santacruz, el más destacado y el que más huella dejó en muchos aspectos, y creo que como yo piensan muchas personas que lo conocieron.

Descansa en paz y protégenos desde el mejor sitio que Dios te ha reservado, porque en vida te lo ganaste con creces. 


No hay comentarios :

Publicar un comentario