Pongamos que hablo de vivir (XII)

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Ingeniero Técnico Agrícola)


El recuerdo de cómo un niño se aferra a sus juguetes más queridos es nítido e inmutable, nos apegamos a ellos de forma férrea ya que son nuestro mejor pasatiempo, estos juguetes y divertimentos, compañeros infatigables donde los haya, son sin duda el mejor conducto a la dispersión mental, siendo más prácticos, lo que le hace a un niño divertirse consigo mismo y su imaginación durante horas, lógicamente la era iphone todavía no había llegado.

El trompo, las canicas, las chapas, el Scalextric, los clips de Playmobil, y un largo etc., conforman todos y cada de los componentes intrínsecos de una niñez feliz, en la que cada uno de los elementos del binomio, juguete y niño, tienen una función asignada y bien definida. Recuerdo el profuso significado que mis juguetes para mí tenían cuando era un crío, y es por ello que creo firmemente ese mismo sentimiento de apego y cuidado debe florecer de forma seria y responsable para con el problema que tenemos presentado con la bacteria Xylella fastidiosa y su peligroso y devastador efecto sobre el olivar andaluz, español y europeo, en ésta ocasión tenemos que ser muy egoístas y pensar sólo en nosotros y en nuestro olivar que es el símbolo de nuestro territorio.

Muy a mi pesar, pues no me gusta demasiado escribir sobre lo aciago y adverso, repito temática articulista, pero es obvio que la preocupación por los efectos potenciales de esta bacteria asesina no es un tema que fácilmente se pueda pasar por alto dada su enorme importancia y gravedad, verán sólo en Andalucía contamos con más de ochocientas Cooperativas y Almazaras productoras de AOVE y otro dato, se superan con creces los trescientos municipios que viven y/o dependen de forma directa e indirecta del olivar, imaginen la catástrofe medioambiental, social y económica que supondría quedarnos sin olivos.

<<El Ébola del olivar>> podría ser el título de una amenazante película protagonizada por esta bacteria endémica de América que se coló en la parte de Sur Italia, a través de la importación de plantas ornamentales infectadas desde Costa Rica. Después llegó a Córcega, pudiendo incluso no ser la misma subespecie que la cepa italiana, es decir, puede ser que esta subespecie que llegó a Córcega lo hiciera por otra vía a la italiana, es muy importante saber de qué subespecie hablamos para conocer exactamente a lo que enfrentamos y así poder decidir la mejor forma de defendernos. Posteriormente nos enteramos de que pasado un tiempo, ya estaba ampliamente instalada en Baleares, era de esperar por tanto que su llegada a la península sería inminente y desgraciadamente así ha sido, puesto que se ha comprobado de forma efectiva su presencia en una plantación de almendros de Alicante.


Bateria Xylella fastidiosa.


La Xylella fastidiosa no tiene cura, ataca al xilema del árbol impidiendo el transporte de agua y sales minerales en éste, provocando que acabe secándose, haciendo un símil es como si nos contarán la circulación sanguínea por nuestra venas y arterias, es fácil imaginar lo que nos sucedería.

La Dr. Blanca Landa, investigadora del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC, es una profesional a la que admiro y sigo con atención puesto que cuenta con un conocimiento profundo y bien afianzado del asunto, dispuesta siempre a ayudarnos en nuestra labor, comentaba en una entrevista publicada en el diario ABC: “El brote italiano es muy virulento. Se trata de una cepa próxima a las del café y los cítricos que en esta ocasión han encontrado un huésped perfecto. Su virulencia con los olivos es inédita, en apenas un año acaba con una plantación entera”, si pensamos en la cantidad de hectáreas con las que contamos en Córdoba o Jaén y los efectos de la bacteria, es inevitable echarse a temblar.

En mi opinión, tenemos varios problemas asociados, el primero de ellos es que no existe el control exhaustivo y bien organizado a la hora de importar y exportar material vegetal entre países y continentes, además potencialmente Xylella puede atacar a más de 100 especies distinta. Otro problema importante es que la bacteria es dispersada por insectos chupadores-picadores de savia del xilema de la planta y el control sobre estos insectos (cicadélidos, por ejemplo los mosquitos o la chicharra), es realmente complicado en campo abierto como es una finca de olivar, además como menciona Josep M. Riba, biólogo y especialista en fitopatología ornamental: Se trata de una bacteriosis, transmitida por insectos, para curarla se requieren aplicaciones de antibióticos, pero al no poder utilizarse en la agricultura en la UE, no queda más remedio que la destrucción de la planta afectada.

Otro de los problemas y no menos importante, es el que da el apellido a la bacteria, para conocerla bien hay que estudiarla a fondo y esto resulta harto fastidioso, puesto que tiene unos requerimientos nutritivos muy específicos para asilarla en laboratorio y además es fácil la contaminación con otros tipos de bacterias. El Dr. Juan A. Navas Cortés, investigador superior en el CSIC, afirma que se trata de una bacteria termófila, su crecimiento óptimo se sitúa en torno a los 25-28ºC y su supervivencia se ve limitada por encima de los 34ºC y por debajo de 10ºC.

Hay más información y fuentes de discusión que es interesante contrastar, se dice que la bacteria atacó tan súbitamente al olivar italiano porque no estaba gestionado como debiera, puesto que eran árboles que no se cuidaban y trataban convenientemente. En el programa El Escarabajo Verde, Ignacio Fernández de Puerta, presidente de ASAJA afirmaba: Mientras mejor cuidada esté la arboleda, más costará que la bacteria consiga causar daños. Al hilo de esa argumento, los sectores ecologistas italianos más radicales, llegaron a afirmar incluso que los agricultores italianos se olvidaron de su olivar ya que sólo querían cobrar las ayudas por hectárea de la PAC en detrimento de hacerles producir aceitunas.

Por último, es necesario hacer un llamamiento público para que se apoye convenientemente con fondos nacionales y comunitarios a la investigación, no es alarmismo, se trata de ser coherente con lo que puede suceder, al igual que los californianos, donde la bacteria apareció hace 100 años, tenemos que aprender a convivir con Xylella y que nos afecte lo menos posible, es fundamental que se destinen los recursos necesarios para estos fines: conocer su entorno, sus hospedantes, su dispersión, sus vectores, etc., su modus operandi en definitiva. Repito, el olivar es un símbolo del territorio y tiene que seguir siéndolo.


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