Los ídolos se ríen de sus seguidores

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


En las últimas semanas estamos asistiendo al culebrón mediático de la presunta deuda de Cristiano Ronaldo de 14,7 millones de euros con la Hacienda española.

Muy inteligente, el jugador a través de personas de su entorno ha lanzado balones fuera, en los cuales se manifiesta el supuesto malestar del jugador, incluso con el propio club que le paga, para decir que se siente maltratado y poco querido y que por lo tanto abandonaría el club de Concha Espina.

Una semana antes fue el jugador emblema del Atlético de Madrid, el francés Griezman, el que hizo unas declaraciones en una televisión del país galo, en el que afirmaba que tenía un 70% de posibilidades de fichar por el Manchester United

Por último, el considerado mejor jugador del mundo, Leo Messi, ha ido dejando pasar el tiempo, presionando con esta táctica a su presidente para que ponga sobre la mesa una cifra astronómica que va a rondar los 40 millones de euros limpios por año, con lo cual al club le costará un total de 80 millones anuales, en la enésima renovación que lleva a cabo el menudo jugador con el club azulgrana.

Estos tres casos tienen un claro paralelismo, el sacar más dinero de sus respectivos clubes, sin respetar los contratos que tienen firmados.

Cristiano Ronaldo se va a quedar en el club merengue, pero éste va a tener que hacerle una mejora de contrato por los años que le quedan que va a suponerle al club tres o cuatro veces más que la multa que le han echado.

El “cándido” Griezman, que dijo que sus palabras no se habían entendido bien, (encima nos toma por tontos a todos los que hemos visto su entrevista), ha conseguido que para la próxima temporada le suban la ficha notablemente y no aumenten su cláusula de rescisión, que hubiera sido lo normal, para así al terminar la misma tenga la puerta abierta para marcharse a otro club, al que afloje mejor la chequera.

Ha llegado el momento de que los jugadores, y más en concreto los considerados número uno, no puedan hacer lo que les dé la gana sin atenerse ni respetar lo que ellos mismos han firmado voluntariamente. Tendrá que llegar el día en que un presidente no ceda al chantaje, se plante y le diga al jugador que no sube ni un euro más de lo acordado, y si no quiere seguir en el club, que se atenga a la cláusula de rescisión para liberarse, porque de lo contrario le esperará la grada por el tiempo que le quede por cumplir el contrato.

Todos recordamos el fiasco de fichaje que supuso el brasileño Kaká para el Real Madrid, el más grande de los últimos 30 años. Aquí no fue el jugador a decirle al club, “Mirad, como no estoy rindiendo ni un 15% de lo que todos esperábamos, pues quiero que me rebajen el sueldo a la mitad”. No, aquí no queda otra que poner cara de tonto, pero pagarle hasta el último euro de la millonaria ficha que tenía firmada.

Otro aspecto que estos egoístas y prepotentes jugadores tienen es que no saben valorar que juegan en tres de los mejores equipos de Europa, y que si ellos son buenos, una parte de este resultado es porque estos equipos tienen unas buenas y equilibradas plantillas, que favorecen el juego de su jugador franquicia.

En los últimos dos lustros estos tres equipos españoles han dominado con superioridad en el viejo continente.

Todos estamos hartos de ver por la televisión los besos que muchos de ellos le dan al escudo de la camiseta, automatizado y sin sentimiento alguno.

Cuando se produce una derrota importante, son muchos los aficionados que pasan un mal día e incluso se quedan sin cenar. Mientras que los jugadores van esa misma noche a cenar a los restaurantes más caros.

Lo ídolos se mofan de sus seguidores y aprovechan las más mínima para estrujar un poco más al club que les paga. En realidad la mayoría son mercenarios que van a jugar donde más dinero le paguen, sin respetar contrato, sentimiento de afición, valoración deportiva, etc.

Al final ellos se llevan la pasta y los aficionados se quedan con la amargura de las derrotas y sinsabores del juego de si me voy o me quedo.

Lo dicho, las grandes figuras se ríen de los que sustentan este millonario circo: los aficionados incondicionales. 


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