La sociedad consentidora en la que vivimos

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


La vida de ahora no está hecha para valientes. Está más en la balanza de la cobardía. No es lo mismo una alimaña que un guerrero. Ahora triunfa la alimaña. Se aprovecha del sistema. El problema es que en esta alegoría de la mentira, la gente permanece callada. Somos consentidores de todo. Una sociedad cobarde, una sociedad de engaños aceptados. Todos sabemos muchas cosas que se podían cortar denunciándolas públicamente, pero no nos apetece mostrarlas. ¿Por prudentes o por cobardes? Por cobardes.

Es cierto que nos enseñaron el ‘no señalarnos’, y más en los pueblos (donde todos nos conocemos). Era mejor andar y callar. Se ha callado y se calla tanto que se ha perdido hasta la mínima dignidad con los silencios. Ya nadie apoya a nadie con las injusticias. Nos hemos acostumbrado a la indecencia. Nos hemos acostumbrado a la falsedad. Nada nos extraña. Nada nos sorprende. Todo está bien o por lo menos lo aceptamos sin más.

Damos las cosas por buenas. Damos las cosas por asumidas. No queremos problemas. Solo escuchamos las noticias de la radio y vemos las de la televisión y callamos . Y en ese marco se lo ponemos a huevo a los que mandan. Por eso, ellos no son los únicos culpables. Los que lo consienten también lo son. Y esos somos nosotros, los grandes culpables de lo que pasa. Que nos dejen como estamos en un mundo donde las comodidades y el individualismo predominan sobre la conciencia colectiva. Y la mentira sobre la verdad.

El grado de protección que se da a los más indefensos es nulo. Una sociedad tan evolucionada como la nuestra debería ser más humana. No lo es. Se permiten muchas injusticias hechas a los que tenemos al lado. ¿Y qué pensamos? Que no me las hagan a mí. Y así nos va.

Los pequeños y medianos empresarios trabajan para el Estado y las administraciones, que los cosen a impuestos. Los trabajadores cobran menos de lo que les pertenece. Mucho menos. Los puestos en las administraciones son escasos porque están muchos dados. ¿Y los culpables? Principalmente nosotros, por permitir y seguir permitiendo. Tragar y tragar. Y si alguien habla decimos que es por crear polémica.

A pesar de todo lo que nos está pasando, queremos que todo siga igual. Por si acaso. No se trata de hacer revoluciones que rompan el sistema democrático (como proponen los radicales). Es hacer valer el sistema democrático. Es llamar a las cosas por su nombre. Con verdades. Ese es el problema, que hemos mezclado tanto la verdad con la mentira que ahora no sabemos quién es quién. Le hemos dejado el terreno abierto a tanta alimaña con nuestros silencios.


No hay comentarios :

Publicar un comentario