Introducción: provocando a la moda

PAULA RANCHAL GARCÍA
(Estudiante 4º ESO) 


Hay veces en las que no nos damos cuenta de qué falla a nuestro alrededor. El cómputo de la rutina y la continua necesidad de ser monótonos nos arrastra a la ignorancia en cualquier sentido posible, y no nos damos cuenta. He aquí el problema. Un día unos románticos quisieron romper con todo lo establecido y lo consiguieron. Fortaleció a la oposición. Tras ello, ésta intentó mostrarnos lo bien que está la normalidad y lo cómoda que es, y que arriesgar significa perder el tiempo. Quisieron que creyésemos que cualquier cosa que hagamos no puede hacerse grande. En cambio, sí que puede.

Generalmente, la gente no se cree apta para perseguir sus sueños. Han conseguido que esa palabra se asemeje a utopía, pero no es así. Los proyectos desaparecen y nos sumimos en una era de evolución sin revolución, sin fuerza, sin ganas, esperando a que nos den hecho, lo que no nos creemos capaces de lograr. Se llama sueño al que tiene posibilidad de cumplirse y por el que se lucha, y utopía a la aguja en el pajar.

La mente humana puede abrirse cuanto queramos y aun así la cerramos, dejando sólo una puerta por la que poder entrar, de más fácil acceso, de más fácil engaño. Siempre he dicho que llenamos nuestra sesera de memeces indispensables, pero a veces es más que eso, la autosugestionamos con la opinión frívola y sin fundamento de quién pretende darle la vuelta a la realidad.

Nos enseñan como “normal” aquellos escándalos que día a día destrozan cientos de vidas sin piedad, pero para ellos es “perjudicial” el querernos como iguales, y el perderle la vista al sexo cuando hablamos de amor. Vivimos en una sociedad con la que tenemos que coexistir, pero no tenemos por qué seguir cada paso que den.

Yo, peculiarmente, creo que cada persona es un mundo, o más bien, un universo. Cada uno consta de sus galaxias y constelaciones y junto con ellas, sus desesperantes agujeros negros que cambian de color constantemente en las mentes adolescentes como la mía.

Todo esto nos dice que, ante todo, la suerte de ser único destaca en el ser humano desde el momento en el que nace, tanto biológica como mentalmente, y es algo que mucha gente cree amenazante para su bien, por lo que intenta cambiarlo. No debemos pensar que ser diferente es nocivo para el resto.

No, realmente nuestras diferencias son las que nos unen, y juzgarlas, lo que nos separa. Ingenuo es el que habla sin conocer y conoce sin hablar, porque se está perdiendo el mundo entero y, personalmente, creo que eso es un delito suicida.

Respeto al que quiere vivir a su rollo tanto como a la ovejita que sigue al rebaño.

Nunca juzgaré al ser humano que sea capaz de sonreír, no importa si por fuera, o desde dentro. Pero poner tal granito de arena sólo acaba de empezar. 


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