El Papel


JUAN FRANCISCO PERALBO REDONDO


Es un placer que la “vía celulósica”, se vaya manteniendo ante el ataque digital.

Lo digo particularmente por mis comentarios en este milenario invento que fue la escritura, bien en arcilla, papiro o la actual celulosa (papel). Y lo difícil que es crear un seguimiento en estos medios tan reducidos, para que te paren, te feliciten, te den enhorabuenas, y tal (los de la familia es natural, es obligado y casi no cuentan). Pero esto supone un subidón de autoestima, pensando que algo se está haciendo bien, tanto en la abultada exaltación como en la tenue y sutil crítica, de dichos trabajos escritos, destacando los que conciernen al libro que saldrá a inicios del 2018.

Un servidor sin licenciaturas ni masteres, con pocos presupuestos y recursos, falto de conocimientos para ver, observar, fotografiar, anotar, etc. se ve agradecido y agraciado, por sus ya reconocidos lectores, que tras tocar un tema, éste se agudiza, se pone de moda, y quieren tener más datos, fotografías, etc. Esto es estupendo, extraordinario e inaudito porque el fin principal y último de estos trabajos y manuscritos no es otro que ensalzar el posible asentamiento más antiguo de la zona (quizás fuese Solia), que como muchos saben y sabían no puede ser otro que Alcaracejos.

Es extraordinario que con estos artículos y el libro de pronta salida, se esté promocionando el lugar de esta pequeña, pero importante, población de ALCARACEJOS. Ya que se están sacando temas que parecían olvidados tales como: asentamientos Íberos, romanos, visigodos, árabes, minas de plata, tesoros ocultos, etc., y que Alcaracejos apareció ya documentado en el siglo XIII, lugar, sitio, por donde pasaron y aposentaron diferentes tribus y civilizaciones antiguas. Estos temas “no provocados, ni incitados”, aparecen desde muchas e ilustres plumas, lo cual ya es una gran satisfacción para la localidad y para un servidor.

Me gustaría personalmente que más gente se involucre en estos temas referidos a las cualidades y pertenencias de Alcaracejos, siempre que respeten el trabajo de los demás.

También sería importante que se descubrieran e identificaran las piezas, documentos, monedas, vasijas, etc. que se han encontrado en este término en las décadas pasadas. Estas pueden estar en casas particulares o bien en las de pueblos vecinos y habría que hacer un catálogo de ellas, sin pretender su autoría.

Por todo ello, gratamente, se te olvidan los días, meses y años perdidos; los largos y monótonos momentos de archivo en archivo; las enormes caminatas campo a través buscando el pozo o mina determinada, salvando perros y alambradas; los cuantiosos gastos en desplazamientos, material de imprenta, consumibles, etc. También se olvidan ahora otras circunstancias como podrían ser los portazos en las narices, las falsas promesas, las negativas, las mentiras, o incluso la indiferencia.

Hoy se quieren abrir algunas de esas puertas, pero ya es tarde, el trabajo está finalizado y no se piensa tocar ni una coma, ni tampoco ceder información (como se hizo en estos últimos años), hasta que el final sea el deseado. Deseo este, que no pretende ningún ánimo de lucro, ni reconocimiento personal, sino algo más generalizado y amplio, como es la reivindicación de los extraordinarios recursos, patrimonio, hospitalidad, etc. que posee Alcaracejos desde aquella época de los Íberos:

– Su situación geográfica, riqueza natural, hídrica y faunística.
– Sus dehesas de encinas y cereales.
– Su patrimonio cultural, minero y arqueológico.
– Su hospitalidad, gastronomía y tradiciones.
– Y sobre todo, los tesoros que acumuló y acumula en todos estos referentes anteriores, que a partir de este trabajo por editar, serán asombrosamente conocidos y públicamente reconocidos.

Todos aquellos malos y difíciles momentos iniciales, van teniendo recompensa directa o por los medios de moda. Por lo cual solo queda un agradecimiento general a aquellas personas que han colaborado, han participado e incluso se han ofrecido a sufragar.

Pese a todo ello siento: en el pecho, la angustia de los expolios conocidos; en la mente, la nostalgia ya casi perdida; en el estómago, ese retorcijón que provoca la impotencia; en el paladar, ese amargor que te deja la mentira despiadada y cobarde; en los ojos, las lágrimas de pena, propias y ajenas; y en mi pluma, la inevitable y evidente ignorancia.

Gracias a todos/as.


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