Crónica del Slow Music Pozoblanco

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO


El Slow Music Pozoblanco acogió a 12.500 personas. Esos son los datos que han dado desde el Ayuntamiento de Pozoblanco. El campo de golf acogió un festival que quedará como una experiencia diferente (con mucha magia) con sus pros y sus contras. En el cartel estaba Miguel Bosé y Manuel Carrasco. O lo que es lo mismo, el ayer y el presente. Bosé lo ha recorrido ya todo, y Carrasco está en pleno camino bebiéndose la vida a sorbos grandes. Eso es la vida y así pasa, mezclando sabores viejos y nuevos. Son dos lenguajes distintos pero sin estar reñidos.

Hay pocos artistas que tengan un repertorio tan extenso como Miguel. Canciones de los años 70, 80 ó 90 que siguen teniendo vida con arreglos que las hacen diferentes. Son las mismas canciones, el mismo artista pero cambiando el ritmo, cambiando los coristas que las acompañan y un poco la entonación. Arreglos que mejoran lo que son ya himnos musicales como Bandido, Sevilla, Creo en ti, Gulliver, Te amaré... La letra no se toca. La magia del concierto es que sabemos lo que se canta. Con Bosé, no hace falta llevar cuartilla ni recordar sus letras, salen solas. Son versos que vienen y van sobre una arena en medio de los árboles y gatos nocturnos.



He visto a Bosé en decenas de conciertos. Mi hermano, quien vio el concierto desde el cielo, lo seguía allá por donde iba. Fue el mejor seguidor de un cantante al que nunca le hizo zapping musical. Las estrellas brillaban ese viernes de concierto y alguna hasta se movía a su compás. Mi gran estrella estaba allí arriba. Esas cosas se sienten. Y yo lo sentí el viernes en el concierto de su Bosé.

Mientras abrimos los recuerdos de los conciertos de Bosé, vemos  como sus veladas siguen siendo largas, deja a la gente contenta y saca las emociones de otra época en cada uno. Cuando hablaba Miguel, su voz se quebraba y su garganta se quedaba con un tono demasiado ronco. Bosé canta que mejor que habla. Afina mucho más cantando. Como siempre mandó mensajes que hablan de una paz social y un mundo más justo. Lleva haciéndolo en toda su carrera. Aunque la justicia debe empezar por los que hablan de ella desde un escenario. Muchas veces ellos predican pero son los que más tienen. ¿Acaso son los personajes idóneos para hablar de la igualdad?

Un día recordaremos que un sábado de verano estuvo Manuel Carrasco en Pozoblanco. Es uno de los artistas del momento. Llevó a mucha gente joven. Se empleó como siempre hace en sus conciertos. Había mucha más gente que en el concierto de Bosé. Cantó todo su repertorio. Incluso metió una letrilla sobre Pozoblanco y Los Pedroches. No es que fuera una poesía para guardar pues rimaba más que brillaba. El gesto, de aplaudir. Y es que las manos, las palmas y las caderas no pararon de moverse en las más de dos horas de concierto.



Tiene algo este chico que lo hace diferente aparte de sus ganas de soñar y comerse el mundo. Mezcla los ritmos muy bien. La transición del lento al rápido lo hace de manera mágica. De pronto, está desatado. De pronto, está melancólico. Domina el escenario, a sus músicos y al público (al que lleva por donde quiere). Fantasía mezclada con sueños y saber estar. Un cantante bullicioso, sentimental y fresco. Un romántico de estilo moderno y aflamencado. Presentó Carrasco un disco cuyo mensaje es el amor, la esperanza, la vida y la libertad. Los sueños de alguien demasiado joven quien no ha caído aún en el pesimismo vital. Bailó a un viento que se movía al hilo de sus canciones.

La gente se lo pasó bien, bailó, se emocionó, cantó, se movió, saltó, vibró. Ya no pongo más adjetivos. No hacen falta. Eso sí, esperó demasiado con los autobuses. La espera mereció la pena pues aportó más seguridad vial a estos eventos donde los riesgos también están en la carretera. Del marco donde se desarrolló decir la verdad. Un marco bonito (una joya) pero que en verano no luce como en el resto del año. Tampoco por la noche. Todo en una Dehesa donde no pasa el tiempo. El tiempo pasa, por desgracia o por fortuna, muy rápidamente. Y aparte del Slow Music Pozoblanco, se tendrán que hacer muchas más cosas que están esperando para arrancar. Están bien las fiestas pero el día a día exige actuaciones que no pueden esperar mucho más. Como diría Manuel Carrasco aplicado al festival y sentido metafórico; “Abrir el corazón siempre nos sale siempre caro”. No sé los números del Slow. Lo que sí sé es que el pueblo necesita cosas que lo hagan divertido aunque también necesita cosas que lo hagan productivo. Lo que nadie podrá discutir es que ha sido una experiencia nueva y gratificante.

Que lo valoren los que han estado al frente. A mí, me gustaría que llevara el nombre en nuestro idioma (Festival Musical de Pozoblanco o como sea, pero en español). No hay mayor chorrada que titular con una palabra en inglés y mezclarlo con un patrimonio tan nuestro como la dehesa.

En fin, una cita que no dejó indiferente a nadie. La música, al fin y al cabo, es una de las cosas emocionantes que tiene la vida. Bosé rescató infancias, tiempos adolescentes que parecían perdidos y recuerdos, muchos recuerdos mientras que Carrasco voló por unos sueños llenos de papel de colores. En sus letras, ambos, cuentan lo mismo. No es otra cosa que el día a día hecho canción.


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