Reescribiendo la historia


JUAN FRANCISCO PERALBO REDONDO


Hoy, 3 de Junio, no se podía hablar de otra cosa nada más que de Fútbol, pues cuando tengan esta multidisciplinar revista “La Comarca” en sus manos, ya estarán millones de personas pendientes de un evento sin parangón, el espectáculo deportivo más importante y seguido tras la Super Bowl. A este acontecimiento sólo pueden acudir los dos mejores ejércitos de Atletas, en este caso las defensivas y cobardes hordas Romanas, contra las valientes y atacantes tropas Hispanas.

Esta batalla será la próxima Final de la Champions League, donde juegan y compiten las dos mejores escuadras de Europa y por tanto del Mundo: La Juventus de Turín y El Real de Madrid. Ambos ejércitos cuentan en sus escudos con 2 y 11 muescas respectivamente, es decir 14 en total, con la que está en juego, todas ellas marcadas en las corazas que vislumbran sus insignias, a la espera de añadir una incisión más.

Será una lucha desigual: basada en armaduras pectorales, contra pechos al descubierto; de murallas y trincheras defensivas, contra ataques inverosímiles; de soldados veteranos, contra noveles huestes; improvisación, contra logística; de continuas protestas y corrillos alrededor de los arbiter (árbitros), contra la sumisión y el respeto a las decisiones de tales jueces; de la pausa y la calma, contra la velocidad y el desenfreno; del piano piano, contra el olé, olé y olé; de fuerza bruta que roza la lex (ley), contra el suave toque de balón; del acuartelamiento, la espera en retaguardia, contra el avance sin cuartel; de la pausa total, contra la emboscada lenta, retardada y pausada; de algunas oportunidades a balón parado, contra infinidad de ataques rápidos y directos.

Desigual, porque unos van a la batalla con cuadrigas (robustos carruajes tirados por cuatro caballos) y otros a lomos de un solo equino ibérico, pero ante esa inicial y cuádruple ventaja, en cuanto a fortaleza, rocosidad, etc., estarán las no menos favorables excelencias de la velocidad, y destreza.

Y sin más armas que sus valores, reforzados de pundonor, deportividad, entrega, sacrificio, la buena lid, la lucha individual y colectiva hasta el último suspiro, etc.

Espero que tanto los astros y dioses tales como Roma personificada, La Diosa Fortuna, la Justicia, Atenea, Cibeles sobre todo, e incluso el propio Neptuno que debería soplar a favor de los blancos contra la fortaleza de Bufón, ese portero galo que ahora quieren laurear, los que no poseen a nadie a quien admirar ni adorar, para colocarlo como futuro balón de oro (dolorosa petición cuando hace años no se solicitó ese premio para Casillas, campeón del Mundo, de Liga, de Champions y hasta de dos Eurocopas).

Este deporte es ilusionante; desencadenador de penas, tristezas y quebrantos; germen de alegría, risas, jolgorio y algarabía; elevador potencial de adrenalinas y desahogos acumulados; generador de nervios, tensiones y ansiedades; pero sobre todo, cuna de enormes sensaciones emocionales y deportivas.

Ojo, que en ocasiones no vence o gana el mejor y justo luchador, sino que otra semidiosa “La Influencia”, que viste de negro, a veces aburrida quiere meter baza y dineros en Suiza.

Somos descendientes de Íberos y ellos (los romanos), que nos invadieron y nos llamaron Hispania (tierra de conejos). En sus inicios tuvieron que pagar los servicios de nuestros antepasados, con monedas de nuestras propias minas de plata, como la de Almadenes de Alcaracejos, para doblegar a los Cartagineses de Anibal, y a otros pueblos antiguos. Ya se cobraron el derecho de pernada, por lo cual, no más plata para ellos, y este plateado trofeo deberá venir a la Hispania actual, por todos estos motivos y circunstancias.

Finalizo, parafraseando metafóricamente a Ntro. Sr. Jesucristo cuando dijo: <<Al Íbero lo que es del Íbero>>, que supondría a día de hoy que la XIIª Copa de Europa sea para los Íberos que se han dispersado ya por todo el orbe. Ya tendrán ellos (los partidarios y súbditos de aquellos Césares), otras oportunidades de conseguir su IIIª copa, luchando con otros pueblos no Ibéricos y por tanto menos poderosos como Galos, Germanos, Polacos, o los Catalanes. Dichosos los que a los pies de la Diosa Cibeles, bajo las estrellas que los acompañaran hasta el lento regreso de la contienda, y seguramente ya en los albores del resplandeciente amanecer, esperen a sus maltrechos, heridos y magullados, pero también orgullosos, gloriosos y vencedores guerreros, con sus túnicas blancas e inmaculadas, anudadas al cuello, frente, cintura o muñecas, sin ningún tipo de lujo, de fíbulas, ni atuendos de ARMANI.

Vivan los Íberos y nada más. 


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