Por la calle del cura Don Juan

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


La vida de Don Juan Caballero fue la de un hombre que quiso ser un cura corriente. Le gustaba ser un sacerdote de pueblo. Lo entregó todo en vida. Los números de su cartilla estaban casi a cero. Tampoco tuvo propiedades. La única propiedad que tenía era el amor de los demás. La consiguió durante su vida sembrando valores, dando cariño y trabajando de sol a sol.

Don Juan tenía en sus cartillas de ahorros, muchos pagos domiciliados a personas y entidades que lo necesitaban. Nada era suyo, lo daba sin más. Difícil de entender en unos tiempos donde la avaricia está tan extendida. La calle Hilandos llevará su nombre. Se lo merecía y así lo han avalado un montón de personas en Pozoblanco.

Como dice Juan Fernández, el sacristán San Sebastián, nadie sabrá la cantidad de personas a las que ha ayudado y socorrido. Lo hacía en silencio ofreciendo hasta la última peseta que tuviera. La historia de su vida se resume en la entrega que tuvo hacia las personas y la alegría de vivir que contagiaba a través de sus acciones.

Se recorría el barrio de San Sebastián. Conocía cada trozo de calle porque quería estar siempre al lado de alguien que lo necesitara. Se daba sin más. La vida es como un barrio donde encuentras la estrechura de una calle de donde es difícil salir. Eso lo sabía muy bien y por eso estuvo cerca de los más necesitados.

Don Juan Caballero.


Para él nunca se dejó nada. Apenas necesitaba cosas. No se cansaba de repetir que lo tenía todo para vivir pues tenía a los demás. ¿Acaso hay algo más importante? Conocí a Don Juan cuando era un niño en un Campamento en Veredas. Era el más pequeño de la expedición y la primera vez que me sacaban de mi casa. A las pocas horas ya me quería venir. Fue cuando entonces Don Juan acudió al rescate. No me dejó ni un momento solo. Siempre estaba intentado sacarme una sonrisa. Le llamábamos en aquel campamento `El Abuelo` pues con los niños hacía muy buenas migas.

La obra que dejó Don Juan son pequeñas historias como la de aquel campamento. Historias de entrega adornadas con una simpatía extraordinaria. Era un cura alegre. Quería a su parroquia, se desvivía por su barrio, amaba a su Virgen de la Soledad y disfrutaba de vivir en Pozoblanco. Decía que quería quedarse para siempre con los tarugos. Y así lo ha hecho. Sus restos mortales descansan en Pozoblanco donde hizo feliz a mucha gente.

Los que lo conocieron bien dice de él que cambió la vida de muchas personas. Fue un hombre que creyó que podía cambiar el mundo apoyado en Dios y en un compromiso social muy fuerte. No cambió el mundo pero sí muchas realidades cercanas. Su labor fue la de ir de puerta a puerta, de corazón a corazón.

Don Juan no solo será una calle. Será un barrio, será un recuerdo permanentemente de los que lo conocieron. Será una parte de Pozoblanco. Buena iniciativa de que las calles lleven el nombre de las personas que han pasado por ellas y han hecho grande el pueblo. No comprendo que se pongan nombres de poetas y de cantantes que, por muy famosos que sean, no sabían ni donde estaba Pozoblanco.

En el barrio de San Sebastián seguirá el espíritu bondadoso de Don Juan, un hombre que entregó su vida a los demás. La recompensa que se lleva no es estar su nombre en una placa de una calle. Lo que se lleva es el cariño del pueblo que han reconocido lo grande que era. 


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