“Pa mejorá” o “Degenerando”

ANTONIO MOYANO



Decía López i Chamosa, sindicalista y diputada socialista en el congreso, y autora de un ingente muestrario de perlas parlamentarias: “ Cuando una cambia de mario, ¿ pa qué va sé ?, pa mejora, pa mejora”. Es evidente que en todo cambio buscamos una mejora. No le faltaba razón a esta discípula de Castelar.

Sin embargo la praxis diaria nos demuestra que no siempre se consigue ese objetivo. Y asi lo ponia de relieve el gran maestro del arte de Cuchares Juan Belmonte.

Entraba Belmonte en la Maestranza dispuesto a hacer el paseíllo, cuando su mozo de espadas se percató de que presidía la corrida el Gobernador Civil, antiguo banderillero de Belmonte. Alarmado, se acercó al maestro y le dijo: Maestro, ¿no es aquel fulanito?... el que estuvo con nosotros de banderillero. Belmonte contestó: “er mismo”.

¿Y cómo se llega de banderillero a Gobernador?, inquirió el subalterno. A lo que el Maestro, con su peculiar gracejo, contesto: “Pue como va a sé...degenerando, degenerando”.

Bromas aparte, Santiago Cabello inicia su andadura en la alcaldía “pa mejorá” o “degenerando”. No hay otra alternativa.

Si Santiago pretende emular a Emiliano en este peculiar arte de la política, en el que la imagen, elaborada por un equipo “al quite”, vende hielo en el Polo Norte y humo en un incendio, perderá.

Si por el contrario actúa con honradez, labor callada pero eficiente, gastando en lo que hay que gastar, teniendo el pueblo como una patena de limpio, mejorando alguna infraestructura de las que hay necesidad, no obras inventadas buscando la foto de su inauguración, sino haciendo arreglos “artesanos” de los que el ciudadano, al levantarse por la mañana, diga “ coño, que detalle”. Si hace eso, ganará.

Porque el ciudadano, al final, tiene un filtro en el subconsciente que le dice qué ha mejorado y con quien, por muy deslumbrante que parezca la propaganda, por muy cegadores que sean los focos del escenario.

Porque el gobierno de un pueblo es el gobierno de una casa, pero a lo grande. Primero calza, viste y alimenta uno a los hijos y si sobra algo para la discoteca.

Se ha magnificado la labor de los gobiernos municipales, tratando de imitar a Gobiernos de más entidad, y se derrocha el dinero público. Así, la imagen que se nos ofrece es la de ocho “ministrillos” con autonomía para ver quien hace la pirueta más llamativa. La descoordinacion es supina y la pirámide jerárquica, que debe existir y cuyo vértice es el alcalde, brilla por su ausencia.

Aun así el pueblo sigue su pulso, porque la sociedad civil está ahí y... ¡ay! del día en que falte. Por eso hay que incentivarla y no sustituirla. Por eso, el dinero público debe ir solo a donde no va el privado.

A más liberalismo menos corrupción. Más de la mitad de la riqueza del país es administrada por políticos, cuya experiencia en la gestión es, la más de las veces, inferior a la destreza en escalar peldaños dentro de un partido.

Y el Ayuntamiento de Pozoblanco no escapa a su carácter de ser una de las mayores empresas del pueblo, y como tal hay que administrarla. Sabemos que el apartado de lo social y los festejos no se deben a la cuenta de resultados pero...moderación señores, moderación.

Pozoblanco es el único pueblo de la comarca cuyos caminos de tierra entran directamente en el pueblo, con la insalubridad que ello conlleva. Unos por su carácter de vía pecuaria no se actúa sobre ellos, otros porque entran en Polígono ilegal, otros por pitos, otros por flautas...Y la casa queda sin barrer.

Y mientras la casa está sin barrer, colgamos farolillos, ponemos música y sacamos unas tapas. Hablo en sentido figurado.

Los congresos sobre un producto típico de una empresa...para la empresa. Los festivales musicales disfrazados de ecologismo- gastronómico...para el empresariado del sector. Si pierde que pierda el empresario, si gana que gane el empresario.

La paz social, que tanto se nos vende ( ni que hubiéramos estado a tiros con Pablo Carillo!!!), ya se ha conseguido, ahora a mejorar el pueblo. Y que esta segunda etapa sirva, como decía Chamosa, “pa mejorá “ y no como Belmonte aclaraba a su banderillero “pa degenerá”. 


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