Hilario Ángel Calero

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Hace nueve días, con el título de “Obra Poética”, y fruto de la recopilación hecha por los hijos de la obra de su padre, se presentó un libro del poeta pozoalbense Hilario Ángel Calero.

Conocí a Hilario Ángel cuando tenía unos 12 años, allá por 1974, en la antigua biblioteca municipal, donde él trabajaba de encargado.

Fuimos varios compañeros de clase a dicho lugar a realizar un trabajo que nos había encargado nuestro maestro de Lengua Española. Como no teníamos claro unos conceptos del maestro, fuimos a preguntarle a Hilario Ángel, y éste con el fuerte carácter que tenía nos contestó: “Mirad, decirle a vuestro maestro que el que necesita hacer el trabajo es él, pues según lo que plantea no tiene ni puñetera idea. Decírselo de mi parte”.

Con esa voz grave, con sus gafas de intelectual y la aseveración rotunda que nos había hecho, me quedé, o mejor, nos quedamos los tres que íbamos, impresionados.

Saqué en conclusión que era una persona que sabía bastante de libros y que le gustaba el orden, el silencio y que a la biblioteca se fuese a sacarle partido a los libros y a aprovechar el tiempo.

Años después, cuando estaba trabajando en el taller de la calle Mayor de mi tío Manuel y de mi padre, a finales de los 70, había un programa semanal en la vieja emisora municipal “La Voz de Los Pedroches” dedicado a su poesía, a su prosa y a las ingeniosas y sarcásticas “Hilariadas”, que me encantaban. Subía el volumen del aparato y bajaba el martilleo del mazo o el martillo sobre el canalón que estaba haciendo. Las leía el recordado Ángel Rodríguez Márquez.

Aunque las “Hilariadas” eran mis preferidas, la verdad es que prestaba atención a todo lo que recitaba Ángel Rodríguez, que era un notable locutor.

Leyendo este nuevo libro he recordado parte de algunas de ellas a pesar de los muchos años que han pasado.

También tengo que resaltar el magnífico prólogo a modo de presentación realizado en el libro por Rafael Yun, que con amplitud y de forma sobresaliente analiza la figura y el conocimiento de Hilario Ángel y su variedad a la hora de escribir. Fue una auténtica pena que el escritor falleciera todavía relativamente joven, en el año 1982 a los 59 años de edad, cuando estaba en una parte importante de su vida para haber seguido escribiendo, en lo que sin duda hubiera sido mejorar su cosecha.

En mi modesta opinión, y después de haber leído el libro, creo que recoge desde muchas perspectivas los pasos que damos por la vida, además de plasmar la realidad de lo que su corazón sentía y su mente pensaba. Su pueblo, Pozoblanco, nuestra comarca, Los Pedroches, la debilidad humana, sus hijos, la religiosidad, las modas absurdas y superfluas, etc., recorren las 491 páginas de este fenomenal libro, cuya presentación merecía un recinto de mayor cabida, pues varias decenas de personas se tuvieron que marchar sin poder asistir al acto por estar el aforo absolutamente completo.

A continuación voy a exponer una poesía que me recuerda los tiempos del taller, donde entre martillo y mazo salían por las ondas de la radio unas palabras que hacían que mi mente se fuese volando con ellas, mientras mecánicamente golpeaba con el brazo.

“Me marcharé algún día”
“Me marcharé algún día - y seguirán algunos - pronunciando mi nombre.Tal vez, con una calle - quiera honrarme mi pueblo.Dirán que fui un poeta - que pasé por la vida - sin saber si mis flores – brotarían en la tierra.Que se ocupó tan solo - de dejar la simiente - dormida entre los surcos - que no riega la acequia.Que dejó en la besana - un arado oxidado - de esperar que la lluvia - esponjara la greda.Ya todo ha terminado - y todo lo he dejado - visto para sentencia - qué será: ¡No me importa,- ni a nadie le interesa!Al final será el tiempo, - con sabia indiferencia, - el que borre con flores – mi vulgar existencia.”


Enhorabuena a la esposa, hijos y familia en general por este magnífico libro, que engrandece más aún la figura del poeta. 


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