Enramadas de San Juan y San Pedro en Alcaracejos


JUAN FRANCISCO PERALBO REDONDO


Por “Enramada”, entiende nuestro Diccionario, entre otras acepciones, lo siguiente: «Adorno formado de ramas de árboles con motivo de alguna fiesta». Es relativamente lo que se realiza en Alcaracejos desde tiempos inmemoriales, tomando como fiesta, la celebración de los mozos y la satisfacción de las mocitas agasajadas cariñosamente, estas junto a sus orgullosas madres. Pero no todo es alegría ya que la mayoría de las progenitoras (quizás en sus momentos queridas y floralmente premiadas), hoy en día deban de levantarse temprano para liberar sus puertas y ventanas de vergeles no deseados. Yo personalmente, la entiendo como una declaración sentimental de intenciones, que generalmente es oculta y en escasas ocasiones es abierta y reconocible, o mejor entenderla como tradición ritualizada que se realiza, en las oscuras horas de la madrugada del 24 al 25 de Junio, es decir, la noche de San Juan (dada como la noche más larga del año), y repetida por segunda vez en el crepúsculo de la noche del 28 al 29 del mismo mes (festividad de San Pedro).

Este “ritual”, tan cariñoso como despectivo; tan antiguo como tecnificado; tan infantil como varonil; tan dulce, como amargo o agrio; tan ingenuo como vilmente premeditado; tan escondido como reconocible y declarado; tan querido por las ninfas mojinas, como odiado por sus madres; de amor tan limpio al ser correspondido, como rencoroso por parte de las personas ignoradas; tan libre como amordazado; tan bello como estrafalario; tan celebrado como sufrido; a veces tan escueto, como en ocasiones desproporcionado; en dos frases: tan creador de ilusiones humanas, como destructor de su propia naturaleza.

Estas contradicciones anteriores, constituyen lo bonito y trascendental de la celebración, en contraposición con otros términos y conceptos menos agradables y adosados por tradición a los primeros. No puede existir lo uno sin lo otro, no todo el mundo es agraciado en este rito, no todo es consentible, pero sí podría ser mucho más ponderable, sin oscurantismos, sin destrozos naturales y materiales, sin nada más que la búsqueda o reverberación del amor, contra el leve y casi trágico desengaño de no ser correspondidos y así dolidos se manifiestan en unos florales insultos que desde siempre fueron suaves y comedidos.

La doble fiesta en sí consiste en demostrar por parte de los mozos locales y algunos foráneos que se desplazan para la ocasión deslumbrados por las bellas mojinas: - El estado de ánimo particular o grupal hacia las mocitas del pueblo, en cuanto que algunas ofrendas son cariñosas y positivas y en cambio la mayoría lo sean bastante negativas y despectivas, por sus claras muestras de rechazo. - Y el que en estas boreales y calurosas noches de Junio, los chicos acaparan inmensidad de plantas arbóreas o retamales, de las huertas y granjas cercanas. Así como algunos, los menos, entregan entre las rejas floridos ramos o incluso incomprensibles cajas de bombones, que estarían peligrando unas horas de las manadas que pasasen después.

Estas plantas y obsequios, son generalmente las siguientes:

POSITIVAS: Árbol del Paraíso=te quiero; Álamo=te amo; Ramo de flores=ambos; Moral=enamorado; Bombones y caramelos=amores reconocidos.

NEGATIVAS: Olivo=te olvido; Acacia=lacia; Paja o heno=Burra; Parra=borracha; Higuera=pava; Cardo borriquero=caliente.

El problema principal de este desenfreno emocional es la exageración en cuanto la cantidad de flora arrancada y muerta, para demostrar esos sentimientos, tanto de quereles, amores, odios, desamores, olvidos y también defectos y ciertos insultos. Pero que estos vergeles se usen desproporcionadamente, como simbolismos de sentimientos perfectamente explicables, de esta manera tan inconcebible, es algo meditable.

Vegetación que en escasas horas es recogida, recién despojada de su sabia madre, en los contenedores de basura, la mayoría sin haber conseguido sus intenciones de comunicar sentimientos diversos.

Tradición que es celebrada pero no conmemorada; largamente esperada pero súper fugaz; oída pero no vista; contada pero no creíble; y que es increíblemente consentida pero no promocionada.

Finalizar con dos casos muy especiales: uno malo, el que ha sido la desaparición del antes frecuente árbol del paraíso en las inmediaciones de la localidad, y uno relativamente bueno, es el que sus bellos ramales declararon muchos “te quiero” en Alcaracejos. 


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