El tambor que recorre mi pueblo y el camino de la Jara

ARTURO LUNA BRICEÑO


Llega Pentecostés y es tiempo de volver. Las calles de mi pueblo, que han ido cambiando con el tiempo de aspecto y de gentes, se reviven al son del tambor que las recorre. Es el final de la primavera, y unas veces en mayo y otras en junio, según el ir y venir de la Luna, las paredes se encalan, las ventanas se abren para airear las casas y las galas se sacan para ir a despedir a la Patrona: La Virgen de Luna que deja Pozoblanco para volver a su ermita de la Jara dónde otros devotos, otros caminos y otras calles la están esperando.

Llega Pentecostés y el tambor vuelve a redoblar, como muñidor de siglos, por los adoquinados de mi pueblo. A su conjuro las gentes salen de las casas y la chiquillería va detrás de él por ver como lo reciben los cofrades que lo esperan y también comprobar la generosidad con que agradecen la visita del tambor, al tamborilero y al coro infantil de danzantes que lo acompañan.


El tambor de de la Virgen de Luna con los niños zanzantes en 1926.


Es el tambor de la Cofradía de la Virgen de Luna de mi pueblo algo más que un instrumento de percusión. Entre su caja y sus pellejos está encerrada parte de la historia popular de Pozoblanco.

¿A cuántos hermanos de la Virgen los ha avisado para partir al Santuario? ¿Cuántos infantes han ofrecido su hornazo oyendo su redoble a la Reina de la Jara en el Arroyo Hondo? ¿Y cuantos, al oírlo no recuerdan aquellos días en que bailaban con su repicar?

He encontrado entre mis negativos una fotografía que me ha parecido un documento increíble. Un viejo pedazo de celuloide en que los que fueron niños en 1926, están agrupados en la puerta de un hermano bailando la danza de las palmas y el pataleo. Son esos momentos cruciales que los danzantes esperaban que le arrojaran bellotas, almendras o calderilla. Caramelos rara vez.


Procesion alredor de la ermita.


El que tañe al tambor es el padre de quién hoy lo toca, y puede ser que en su familia se cedieran los palillos de padres a hijos a la vez que el librillo de los toques:

- Este para el vuelo de la bandera. Este otro lo tocas en las descargas y este para marcar el paso en la procesión y el que bailan los niños es así.

Y el tiempo en esta familia apellidada Cardador ha pasado entre el sonido del tambor y el amor a la Virgen de Luna.


Teodoro Cardador  tamborilero de la Cofradía de la Virgen de Luna.


Por todo ello me he acordado del libro de Adolfo de Torres en el que cuenta la Leyenda de la Aparición de la Virgen de Luna y en el que hay una foto de 1942 en la que se ve, en toda su estructura, el viejo tambor de la Virgen.


Padre  de Teodoro. Año 1942.


Por eso hoy quiero rendir un homenaje al tambor y a sus tamborileros. Por los buenos momentos que me evocan de mi niñez. Por aquellos días en que iba tras él con la talega en el bolsillo a ver que pillaba en la puerta de los hermanos de la Virgen. Por el olor a pólvora en las descargas y por tantas y tantas romerías vividas junto a la patrona de mi pueblo: La Virgen de Luna.

Llega Pentecostés y el tambor nos avisa que hay que madrugar y acompañar la Virgen a su casa de la Jara. Y así lo haremos. 



Llegada al Santuario de la Virgen de Luna.



No hay comentarios :

Publicar un comentario