El día que se pretendió crear la octava villa de Los Pedroches

ARTURO LUNA BRICEÑO


Una de las costumbres más arraigadas en los pueblos de España es la de cambiar de nombre las calles. Pero los intereses políticos no coinciden muchas veces con los sentimientos del pueblo. Por ejemplo, la Calle hoy llamada Mayor casi todos la seguimos conociendo como la Calle del Toro, y así seguirá en la memoria de los tarugos, pero no en los listados de correos. Ese afán de poner patas arriba el callejero tuvo uno de sus mayores exponentes en el Callejero de 1841, hecho por el Ayuntamiento Liberal de los seguidores del General Espartero.



A la Calleja que hoy se conoce como Calleja de Gutiérrez, y antiguamente Calleja del Risquillo, por hacer esquina con la Costanilla del Risquillo, la situaron en el apartado nº 11 y decían: “Calleja de Díaz de Morales, a la antigua de Marta Redondo, vulgo también Risquillo en honor justo y gratitud al Patriota y Diputado a Cortes en 1822, y diputado provincial en la actualidad de este partido Don Francisco Díaz de Morales, Teniente Coronel de Artillería…”

Don Francisco Díaz de Morales era el Comandante Jefe de la Milicia Nacional de la Sierra. Y se le pone la calle en reconocimiento a la actitud que tuvo para compensar a los soldados que quedaron inválidos en la Batalla de La Garganta, a las viudas y a los huérfanos. Le ponen su nombre a esta Calleja porque en una de sus casas estuvo preso cuando en 1836 las tropas Carlistas del General Don Miguel Gómez Damas y de Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, llegaron a Pozoblanco trayendo a dos mil presos liberales que habían hecho en Córdoba, entre ellos a Díaz de Morales.

Díaz de Morales es un personaje muy ligado a Pozoblanco en la Primera Guerra Carlista. Un año después de concederle la calle, fue el que trajo la bandera para la Milicia Nacional del pueblo que había sido bordada en Córdoba. Esta insignia, con los colores de la bandera nacional tenía en su centro el escudo del brocal del pozo, el gallo altivo y la encina. Que ese mismo año fue adoptado por el Ayuntamiento como escudo de Pozoblanco.

Don Francisco Díaz de Morales propuso al Comandante General de la Provincia: “…el que a las familias de los Milicianos que perecieron en la acción de La Garganta se les dé una suerte de tierra en la inmensa dehesa de la Jara, propia de las siete villas de Los Pedroches. En tal propuesta concurren la justicia y la oportunidad. Dicha dehesa es propiedad de las siete villas en cuya defensa sucumbieron aquellos vecinos de ellas y copropietarios de la finca. La inmensa extensión de ésta, hace conveniente segregarle 25 suertes”.



El terreno elegido fue en Las Navas del Emperador: “Hay otra ventaja. Aquel terreno forma un despoblado de más de tres leguas de ancho y de siete u ocho de largo y es en su promedio donde se encuentra situado el célebre Santuario de Nuestra Señora de Luna que propone el Señor Díaz de Morales, la asignación de las suertes para construir allí al mismo tiempo núcleo para una colonia”-

Las Siete Villas, al parecer se pusieron de canto y tan poco le agradó la propuesta que acto seguido aceleraron los trámites para disolver la comunidad de la Dehesa de la Jara y proceder a asignar a cada Villa la parte que le correspondía. Este acto fue la apertura de la puerta para conseguir la Desamortización de la Dehesa de la Jara que tantos litigios trajo.

No se creó la octava Villa de los Pedroches, sino que se acabó con una comunidad de bienes de siglos, que aún hoy día, existen grandes dudas sobre cómo se hizo y si fue beneficioso para las Siete Villas. 


No hay comentarios :

Publicar un comentario