Comunión en Peñarroya

DIEGO GÓMEZ PALACIOS


En el mes de Mayo cantidad de días mundiales de algo; habida cuenta que cada sábado, domingo, festivo o víspera, se han celebrado bastantes primeras comuniones en Córdoba y provincia, este mes podría denominarse el de las primeras comuniones.

Asistí a varias en Córdoba capital: Desorden, mucho ruido en los templos, mosqueos e incluso cabreos en los curas. Puestas en escena muy parecidas, excesiva ingenuidad y dogmatismo en los textos ensayados con los que intervinieron los comulgantes. Parecían inspirados en Gloria Fuertes. Aparatosas celebraciones, sobreabundancia de papeo, jaleo; coincidencia de dos o tres fiestas en el mismo local.

En mis tiempos, 1952, la preparación y la celebración eran muy diferentes; huelga repetir muchos detalles que los abuelos, en cada caso, pueden relatar a sus nietos. Sí considero curiosa y singular que nuestra preparación consistió en la explicación de las oraciones, mandamientos y sacramentos de la Iglesia y los Mandamientos de la Ley de Dios; textos previamente memorizados. Las explicaciones a cargo del maestro y un recién curita muy joven. No se me puede olvidar el cacao que se liaron con el 6º mandamiento, para decir sin decir. Terminaron la disertación cuando el maestro dijo: El que se haya enterado, que se aplique el cuento y el que no, ¡mejor para él!

Todos pusimos cara de bobos pero en las calles había perros y en los tejados gatos, que iban a lo suyo, los chavales mayores nos explicaban que era lo suyo y que lo suyo también era lo nuestro pero a escondidas; Además casi todos conocíamos ya, la tabla apócrifa del 5 que cantábamos en la calle.

Escribo todo esto por relatar lo de Peñarroya: Comunión singularísima si la comparamos con las de Córdoba: Orden perfecto en la iglesia, tanto niños como mayores: Cura que empatizaba y promovía la atención, no el hastío. Asistentes bien vestidos, sin chabacanería. Aceptables silencio y atención.

La fiesta tuvo otra preciosa singularidad: Los niños y niñas preadolescentes e incluso menores, ayudaron a servir y retirar servicios a los escasos camareros de que se disponía en el local; esto estaba previsto y programado. Y, hablando de singularidades, ahí va la singularidad bomba: Este local se llamaba Salón de Celebraciones EL CIPOTILLO. (Muy adecuado para bodas y 1ª comunión, digo yo).


Seguro que esta palabreja no la habían escuchado la comulgante, ni sus compis, ni los auxiliares de camareros. Al final cuando ya nos íbamos, observaron desde fuera el rótulo y una pandilla del entorno de mi nieto Dieguito, me preguntan el significado de ese nombre; les dije que era diminutivo de CIPOTE. Pero, ¿que es el cipote? Les expliqué todas las acepciones del Diccionario y les dejé para el final: Es la picha. Por poco me caigo de culo cuando varios me inquieren que qué es eso que les suena a italiano. Mi nuera la de Alcaracejos, me hizo el quite: Niños, es el pene. Yo no tiré la toalla y añadí que si ese local se llamase El Penecillo, resultaría ridículo. Mucha norma, mucho dogma y muchos niños en la inopia. 


No hay comentarios :

Publicar un comentario