Agradecimiento. De bien nacidos es ser agradecidos

MIGUEL BARBERO GÓMEZ


El pasado sábado fui objeto de un obsequio: la “Encina de Plata”. La Escuela de Fútbol Base de Pozoblanco tuvo a bien concederme ese premio o trofeo en base a mi trayectoria futbolística con el fútbol pozoalbense y comarcal.

Debo aclarar que son muchas las personas que han luchado por mantener y fomentar el fútbol en nuestra comarca. Y desde distintos ámbitos como son directivos, jugadores, entrenadores y diferentes colaboradores. Estoy convencido que todos ellos trabajan en este deporte porque les gusta y porque creen en la aportación de valores que implica la práctica de este deporte. No conozco a nadie que, a nivel de aficionados, haya realizado una determinada labor en el fútbol con la pretensión de recibir un premio a cambio, más allá del lógico trofeo que conlleva cualquier competición.



Quizás por ello, cuando se recibe uno como el que yo recibí, se siente una gran satisfacción; porque piensas que en algo has contribuido al desarrollo del deporte que más nos apasiona. Al mismo tiempo, al menos en mi caso, sentí el afecto de todos los miembros del Equipo Directivo de la Escuela y de los padres allí presentes.

Esa satisfacción es mayor porque no es esperada y resulta una sorpresa muy grata por todo lo explicado. Pero la satisfacción va acompañada, en este caso, por una enorme emoción cuando descubres, de sopetón, que tu familia también ha contribuido a que la entrega se realizara de forma inesperada.



Cual programa televisivo, fui llevado hasta el Polideportivo haciéndome creer que se le iba a rendir un homenaje a un excelente amigo mío y gran pozoalbense, Pedro Luque. Naturalmente me presté a colaborar en todo aquello que se me indicara. Y cual sería mi sorpresa al descubrir que todo estaba preparado para que ese homenaje lo recibiera yo.

La emoción fue total al ver, de golpe, a toda mi familia allí reunida venida desde diferentes lugares de España. Y acrecentada cuando se acercó a abrazarme una de mis nietas, venida desde Madrid de apenas ocho años recién cumplidos, al preguntarle: ¿Pero qué haces tu aquí? Ella me contesta: ¡Y que yo me lo iba a perder abuelo!

Gracias a vosotros también, mi familia. Fue un momento muy feliz entre gente muy querida. 




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