Un aplauso de despedida

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)


Se nos fue Antonio José López Castilla. Un enamorado de la vida y del deporte. Era una persona feliz que transmitía. Siempre tenía una sonrisa y una palabra de aliento. En las tardes de gloria del balonmano en el Pabellón Juan Sepúlveda se dejaba sentir cuando el equipo necesitaba el apoyo de la afición. Se levantaba de su asiento y aplaudía tirando del carro en esos momentos donde el partido se torcía para el Prasa.



Llevó la Escuela de Balonmano de una manera maravillosa pensando en los chavales. Todos eran iguales para él. Lo importante era la felicidad de los críos por encima del resultado. La victoria para él era la alegría de los chavales.

Sus hijos lo adoraban. Era el mejor amigo de ellos. Iban juntos a todos los sitios. Un padrazo. Pilar madre, Pilar hija, Antonio y Javier habéis tenido un ángel con vosotros.

Conocí a Antonio José y me queda un recuerdo muy grato de él. Una persona elegante, entusiasta de su pueblo, del balonmano y de la vida. Rebosaba ilusión en lo que hacía.

Me quedo con la imagen del pabellón a rebosar pero callado porque a lo mejor íbamos perdiendo y él animando de pie, aplaudiendo con la elegancia que le caracterizaba.

Hoy nos levantamos todos los que tuvimos la suerte de conocerte y lo hacemos para aplaudirte a ti que tanto apoyo nos diste. Un aplauso grande, Antonio José López Castilla. 


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